Chango Spasiuk: "La música es un juego para aprender del otro"

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Su nombre es, desde hace años, sinónimo del acordeón y del chamamé. Pensar en él es trasladarse a Misiones en un contexto de sonidos litoraleños que son su marca registrada. Una vocación marcada por su padre violinista y su tío cantor llevaron al Chango Spasiuk a decidirse por esa música tan característica de la "tierra colorada" que él supo llevar luego a lugares como Polonia, Canadá o Alemania.

Este 12 de noviembre vuelve a Buenos Aires después de dos años de ausencia en los escenarios porteños. La cita será por primera vez en el Teatro Ópera City. En diálogo con ámbito.com, habló de su papel como conductor en el Canal Encuentro, la televisión, el folclore y su relación con otros géneros musicales.

Periodista: ¿Cómo fue la experiencia de ponerse al frente de "Pequeños Universos"?

Chango Spasiuk: Fue una hermosa experiencia. Vamos tres temporadas y así como la gente disfruta de ver un programa donde puede acceder a esos contenidos, yo también lo disfruto exactamente de la misma manera. Además, es un espacio donde no tengo que decir nada y he aprendido a escuchar en ese contexto. Para mí eso ha sido un regalo: no tener que estar tratando de contar algo sino simplemente recibir y aprender algo de ese lugar. Además en la televisión pública, un canal como Encuentro, con la diversidad de contenidos que tiene, es algo sumamente constructivo. Poder hacer un aporte allí a mí me hace sentir muy a gusto.

P: ¿Cuál fue la influencia de su familia en su música?

C. S: La música no se puede sacar de la vida, está directamente relacionada. Ella tiene que ver con un determinado lugar con determinadas características. Mi papá era carpintero y tocaba el violín. Mis abuelos eran inmigrantes ucranianos. En la zona de Misiones donde vivíamos se escucha chamamé pero también hay otros lenguajes sonoros que forman parte de ese mundo. Cuando nací todo eso me rodeaba y era parte de mi mundo y cuando comencé a tocar el acordeón me empecé a expresar con todos esos elementos, que son los que se cristalizaron en mí y que me acompañan hasta hoy en día.

P: ¿Cómo explica su éxito, a través de un género tan regional como el chamamé, incluso en los lugares más recónditos del mundo?

C. S: Yo no utilizo la palabra éxito, pero sí la vida me ha dado la oportunidad de sentir que ese lenguaje sonoro uno lo puede compartir en otros contextos; y de alguna manera misteriosa toca el corazón de las personas de esos otros lugares. Cuando era niño el chamamé era casi de consumo familiar, la gente no la consideraba una gran música popular. Nos hemos criado con esa imagen y de golpe ver que tiene una fuerza en su construcción estética y en su historia que hace que uno pueda pararse en cualquier lugar del mundo, tocarlo y que tenga algo para decir en un contexto donde hay un montón de músicas, no es poca cosa.

P: ¿Disfruta de relacionarse con otros géneros, fuera del folclore?

C. S: Obvio. La música tiene algo lúdico. Es un juego para aprender del otro. Yo soy una persona muy sensible y he tratado de adaptarme a otras situaciones, de compartir algo de lo que hago y de aprender algo de los otros. Y pasé por ahí teniendo la esperanza de que ellos han aprendido algo de mi mundo también. Con respecto a mí, más que una fusión o una mezcla, es algo de vanguardia. Pero este desarrollo es imposible hacerlo si uno no está parado o no tiene un profundo conocimiento de la tradición.

P: ¿Los jóvenes se acercaron más al folclore o es un fenómeno que se sintió más en Buenos Aires?

C. S: Siempre hubo jóvenes en el folclore. Por ahí a lo largo de las décadas uno puede ver más o menos presencia en los medios de comunicación, mayor o menor cantidad de grupos jóvenes en los festivales pero la transmisión oral de la música folclórica nunca se ha interrumpido. Está absolutamente viva, y como está viva, se sigue transmitiendo.

P: ¿Dentro de los "nuevos valores" del folclore, quién le gusta?

C. S: Hay mucha gente que me gusta, más o menos conocidas. Rally Barrionuevo es un cantor que me gusta mucho. Soledad, Jorge Rojas, Coqui Ortiz, Franco Luciani... algunos me tocan más el corazón que otros y los que más me movilizan son las personas menos conocidas.

P: ¿Cree que falta espacio para la difusión de estos artistas?

C. S: A mí no me gustaría caer en ese lugar justiciero de decir 'esto debería escucharse'. Obvio que para mí sería bello ver en la tele más espacios donde se pueda tocar en vivo. Los programas con mayor rating y mayores herramientas nunca tienen a nadie tocando en vivo. En la televisión pública, donde aparentemente no hay mucho rating, tienen infraestructuras para tocar. Pero lo que me gusta habla de mí y lo que no me gusta también habla de mí como sociedad, está ahí para que nos veamos reflejados como espejo.

P: ¿Cómo va a ser su concierto en el Ópera?

C. S
: Es tocar en Buenos Aires después de dos años para le gente que es tan amable con mi música. Un concierto con violín, violonchelo, guitarra, percusión, contrabajo y el acordeón. Mucho de "Pynandí" y un poco de cada uno de mis discos, como una pequeña restrospectiva y de la tradición del chamamé. Una suma de un montón de canciones que tratan de ser una sola canción y que uno trata de tocarla lo mejor que puede.

Entrevista de Guadalupe Rivero

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