Fiel a sí mismo, el músico llegó mucho más tarde de lo previsto al show de celebración de su cumpleaños número 54, revoleó instrumentos y se enojó con el sonido, entre otras cosas, pero a sus fans no les importó.
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Por supuesto, nada le importó que se tratara de un domingo; y nadie se sorprendió de que la convocatoria se hiciera con pocos días de anticipación y para un horario poco habitual para shows en esa sala. A partir de allí, con esa incondicionalidad del público que conoce pocas similitudes en nuestro país, empieza a importar poco lo que es un concierto o un disco en sí. Para la crónica podría decirse que fue una actuación desprolija, que
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