“Unidad Básica es el intento de poner de manifiesto una sospecha existencial; en un paisaje misterioso fuera del tiempo, unos seres afásicos y patéticos que persisten en sostener los restos míticos de un proyecto colectivo en descomposición”, dice Pompeyo Audivert sobre la obra que reestrena junto con Adrián Mangone, en el Centro Cultural de la Cooperación, los domingos a las 18.30. Actúan: Hernán Fernández, Abel Ledesma, Andrés Mangone, Fernanda Pérez Bodria y Gustavo Saborido. Conversamos con Audivert y Mangone.
Pompeyo Audivert: "Vamos al teatro a sospechar de nuestra identidad, individual y colectiva"
La dupla creativa conformada por Pompeyo Audivert y Andrés Mangone reestrenan Unidad Básica. La obra se podrá ver en el Centro Cultural de la Cooperación los domingos a las 18.30 desde el 12 abril.
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La obra se reestrena el próximo 12 de abril en el Centro de la Cooperación.
Periodista: Sitúan la acción una unidad básica, la más austral del mundo, me recuerda a “Petróleo” y hasta “El eternauta”, o tantas que transcurren en un no mundo, ¿qué tiene de atractivo ese marco que se vuelve procedimiento escénico y marca el pulso de la obra?
Pompeyo Audivert: El teatro es una máquina sagrada destinada a sondear identidad y pertenencia a una escala extra-cotidiana, vamos al teatro a sospechar de nuestra identidad, individual y colectiva. Creo en esa posición de lo teatral, no es representativa de lo real histórico sino de una dimensión metafísica que subyace lo histórico y debe ser puesta de manifiesto. La realidad en la que vivimos es una construcción ficcional alentada por el poder para sus fines epilépticos, el teatro no debe espejearla sino impugnarla y revelarla como fachada.
P.: ¿Qué podés decir del trabajo que hicieron con los autores en torno a Máquinas Teatrales: un procedimiento escénico centrado en la composición de los cuerpos, del cuadro y la palabra?
P.A.: Quisimos derivar a un trabajo fijo, a una obra. Establecer una temática histórica como superficie de inscripción del procedimiento maquínico. Las Máquinas son escenas que no tienen una coartada existencial temática ficcional, se producen en el campo de misterio que desatan las composiciones y su técnica de producción discontinua, allí surgen esos estados de realidad teatral que nos interesa producir, pues son reveladores de esa zona de base a la que se debe el fenómeno teatro. Al llevar esos procedimientos a la escala de la ficción temático aparente, en este caso del Peronismo, quisimos mestizar el procedimiento sagrado con un asunto histórico. Creo que el teatro debe hacer eso, mestizar lo sagrado y lo profano.
¿Qué podés decir de la resistencia, la salida colectiva y el contexto social actual?
Andrés Mangone: Pienso que las circunstancias históricas tan intensas, en las que queda en evidencia la potencia y la debilidad de la condición humana, alcanzan niveles dramáticos y hasta poéticos en conjunción similar a las instancias que la máquina teatral busca sistematizar a través de sus investigaciones metódicas. Justamente, esas experiencias del campo histórico y social se producen en su naturaleza, no bajo los dominios técnicos artísticos. En este caso, por ejemplo, el rescate de la moto, es parte de la jugada teatral de traer a su producción poética un tema ardiente y popular como lo es el peronismo, para facilitar el acceso junto al público a zonas de manifestación dramática de aquello que realmente nos compone, potencias y debilidades difíciles de nombrar, pero digamos, más fácil de acordar, allí donde la desesperación nos remite a aferrarnos a mitos, o a una moto, en la suposición de salvaguardar el corazón de un movimiento colectivo de liberación.
P.: Aparece la misión de Beto y Pelusa de poner a salvo el corazón del movimiento, como sería eso? Si no se mueve no late y muere….
A.M.: Esto es mucho de lo que somos y de lo que nos pasa, y la maquinaria teatral una y otra vez intenta sondear el núcleo de esta condición fenomenal, busca captar sus señales, poner a los cuerpos bajo consignas de procedimientos formales para agitarlos, sabiendo que en nosotros ya están planteadas esas fuerzas débiles, dominar sus consecuencias y componer escenas. Las escenas y estas intensidades dramáticas ya son posibles sin los temas, incluso sin las palabras, pero es muy válido y muchas veces necesario incorporar esos elementos, aceptando justamente que somos débiles, para aferrarnos a algo más que hace posible el hecho teatral y su entrega. También porque los temas, aunque excusas, aumentan los compromisos con la comunidad y la historia.
P.: ¿Cómo se enlaza eso con lo partidario, lo mítico y lo fantasmático, como entra a jugar lo político y la resistencia?
A.M.: Resistimos como todas y todos el embate del capital contra nuestras condiciones de vida. Buscamos como salir. Aquí nuestra desesperación, potencia y debilidad, se reúne en un operativo marginal para sostener un teatro moto metafórico que acelera y se detiene por rutas inciertas. Allí se monta una escena, en un territorio convulso y a la vez petrificado. Y esto, a su vez, es el resultado de una libre asociación, y colectiva, con lo cual, sin dudas, tiene sus lazos de sangre con el trance histórico.
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