El Master Plan empezó hace siete años durante el gobierno Ibarra. Anunciaron que reabrirían la sala en mayo de este año aunque ya en el primer semestre del año pasado sabían que no llegaban.
El castigado Master Plan, criatura ibarrista-telermaniana para restaurar el Teatro Colón, tiene los días contados. En breve, la dirección actual de la sala llamará a licitación pública internacional para la contratación de una consultora de «experiencia probada en restauración de monumentos patrimoniales», con el fin de establecer una nueva dirección ejecutiva de la obra que aún resta finalizar, y que las autoridades del Colón calculan terminar para marzo de 2010.
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Según altas fuentes a las que tuvo acceso este diario, en lo que queda de esta semana, o a principios de la próxima, se publicará en el Boletín Oficial de la ciudad la resolución que convocará a esta licitación internacional con el fin de reemprender los trabajos que están paralizados desde mediados del año pasado. Esta nueva etapa se denominará, a partir de ahora, Plan de Restauración del Teatro Colón. Esto no significa, según esas fuentes, que se vayan a reemplazar a las empresas contratistas («ganaron licitaciones justas y, por supuesto, continuarán trabajando», dicen ahora en el Colón), sino que los cambios se producirían en la coordinación de la obra, uno de los puntos a los que el excesivamente silencioso mando actual del teatro considera crítico.
Desde ya, una de las primeras bajas en el futuro reemprendimiento de los trabajos será de orden lexicográfico: no quieren ni oír hablar de «Master Plan». Y descuentan también que habrá otras, más concretas. En el encuentro con este diario, se dijo que «la modalidad que se adoptó para trabajar tuvo un problema central: acá se hizo todo por licitaciones públicas que partieron la obra en 40 pedazos, y por lo tanto unos hacían una cosa y otros hacían otra de manera descoordinada. Más tarde, el debilitamiento del cash flow hizo el resto».
Menos explícitas fueron estas fuentes sobre los obstáculos políticos que, desde el lanzamiento del Master Plan durante la gestión de Aníbal Ibarra y su posterior continuidad con Jorge Telerman, pudieron haber repercutido en la prosecución de una obra que, idealmente, debió haber concluido el mes próximo para el centenario del Colón, y que ya hacia mayo del año pasado se sabía que era imposible ver realizada. Sin embargo, sí dijeron que hubo cosas muy llamativas, como el hecho de que la arquitecta a cargo del Master Plan, Sonia Terreno, se vio obligada a mandar a hacer de cero todos los planos del Colón, cuando lo razonable hubiese sido que se le entregaran. Y esto, dicen, ocurrió durante los momentos más álgidos de la pelea entre Ibarra y Telerman.
«La decisión de tener cerrado el Colón es antipática para cualquier dirección, y fueron muchas las que lo postergaron, pero era imprescindible hacerlo» coinciden, en este caso, con la dirección anterior. Una pena, claro, que las dilaciones, los palos en la rueda y hasta algunas improvisaciones hayan provocado que se aprovechara tan mal (situación que, al menos hasta hoy, continúa), el tiempo de su cierre.
El Master Plan se puso en marcha, en realidad, cuando un accidente que no trascendió demasiado al conocimiento público puso en riesgo hasta la integridad física del coro: el derrumbe de un techo en una de las alas del cuarto piso, consecuencia de las filtraciones de agua que empezaron a incrementarse desde 1975; es decir, un cuarto de siglo antes de que se produjera ese derrumbe.
Y esto no es lo único: durante 19 años aproximadamente, el Colón funcionó sin recursos de emergencia ante incendios, como consecuencia de que un cambio de piso en el escenario suspendió el sistema de duchas y control de incendios.
Consultadas estas fuentes sobre este punto en particular lo admitieron sin retaceos: «es verdad. Hubo encargados de escenario que hasta llegaron a sufrir de taquicardias ante esta situación. Uno de los ex directores del Colón, Ricardo Szwarcer, ordenó cerrar el teatro en 1988 para empezar a efectuar algunas de sus reformas. Había que cambiar la parrilla de luces de madera por otra de metal, y el piso original del escenario que estaba muy deteriorado. Sin embargo, después de la ida de Szwarcer, se ordenó la reapertura del Colón antes de tiempo. La parrilla, varas y otras cosas, como el mecanismo de apertura y cierre del telón, se llegaron a hacer, pero el piso no, y fue reinstalado con cobertura de fenólico.Allí fue cuando se obturaron las duchas de emergencia y otros recursos contra incendios. Milagrosamente, nunca ocurrió nada».
Al nuevo Plan de Restauración, cuyas características más específicas promete el Colón dar a publicidad en los próximos días, lo financiaría directamente el tesoro municipal. Sobre este punto, las fuentes consultadas por este diario no quisieron explayarse (el Master Plan tenía, además de esos recursos, un crédito del BID). El último 14 de febrero, cuando Mauricio Macri encabezó una conferencia de prensa sobre el tema de la situación del teatro Colón, la vicejefa de gobierno Gabriela Michetti declaró que para terminar las obras necesarias para el teatro haría falta «tres veces más que los 93 millones iniciales». Desde el cambio de dependencia de Cultura a Desarrollo Urbano («fue un disparate que una obra como ésta dependiera de Cultura», se dijo también a este diario), el referente para las futuras obras a desarrollar en el Colón será el ingeniero Sebastián Maronese, designado específicamente para esa función por el Ministro del área, Daniel Chain.
En la última exposición del Ministro de Cultura Hernán Lombardi ante la Legislatura, el pasado lunes, se evitó hablar del Colón. Según lo que declaró Lombardi a este diario, «es un tema demasiado complejo como para agregarlo a un temario general como el que tratamos el lunes. En la próxima reunión sólo hablaremos del Colón, y particularmente de la reglamentación de la ley de autarquía». El mayor deseo de Lombardi parece ser que el Colón se haga autárquico para evitarse los mismos dolores de cabeza que su complicado funcionamiento les ha provocado a sus antecesores.
Sin embargo, y pese a lo que predicen las actuales autoridades, tal reglamentación, que vendría a remediar la falta de una ley interna en el Colón que establezca con claridad asuntos tan diversos como las jubilaciones o los llamados a concurso, ha empezado a preocupar a los dos sindicatos entre los que se divide el personal del Colón: en especial a ATE, que ya se opone a algunos de sus puntos, y a Sutecba. Se esperan días complicados.
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