Enormes «mandalas» se lucen en el centro de cada escena y en cada cambio, como una proyección de procesos espirituales reducidos a un esquema simétrico esencial, testigos del decaimiento de las fuerzas anímicas en colores y formas, debilitando las fuerzas negativas destructoras en cada implicado en esta trama histórica.
Espacios abiertos que albergan intrigas y luchas de poder; un Cristo corpóreo que evoca a
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