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A pesar de cantar en una cancha de fútbol, prefiere armar sus espectáculos como si se hicieran en un teatro. Sin efectos especiales, con un escenario profundo y con anchas paredes que sólo dejan ver bien a los que están de frente a él, sin grandes despliegues escenográficos ni de luces, es más un concierto que un recital pop; aunque, claro, las 40.000 personas -39.000 mujeres y 1.000 hombres acompañantes, calculaban algunos-le pongan otra cuota de calor a la tórrida noche porteña del debut.
Boleros, baladas, canciones pop «up tempo», tangos abolerados -o «popeados», mejor dicho-, temas conocidos pero «remixados» en formato «dance», constituyen un repertorio que se arma en muchos casos a la manera de popurrís o «medleys», como informa la lista de temas. Todo es prolijo, profesional. Desde la voz del cantante hasta la banda que lo acompaña con sonido estandarizado. Así las cosas, «
Sobre el escenario hay también una banda pop -teclados, bajo, batería, percusión, guitarras-, de la que sólo se enteran los que tienen ubicaciones frontales respecto del escenario. El resto sólo podrá ver al «Rey», primero de riguroso traje oscuro, luego de un más informal conjunto de camisa y pantalón negros. Y ni siquiera las pequeñas pantallas -dos a los costados, una en el fondo de la escenografía-dan mucha cuenta de quiénes lo acompañan.
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