29 de marzo 2001 - 00:00

Cuba Gooding Jr.: el honor en lo profundo del océano

Cuba Gooding Jr.
Cuba Gooding Jr.
Los Angeles - (28/03/2001) El cine de Hollywood no podía pasar por alto la historia de Carl Brashear. Hasta es raro que se tomara más de cuarenta años para hacerlo. Brashear, un humilde e introvertido soldado negro, se enroló en los años de Truman en la marina norteamericana, cuando los hombres de su color sólo tenían dos posibilidades: cocineros o sirvientes de oficiales.

Brashear, sin embargo, quería ser buzo, especialidad de los cuerpos de elite en ese entonces (hoy en decadencia, por el avance de la tecnología de la maquinaria submarina); para serlo, no sólo era necesario un temple y una preparación física especiales, sino un color excluyente, el blanco, naturalmente.

La película «Hombres de honor», que se estrena mañana en la Argentina, relata -a la manera que le gusta a Hollywood- la doble lucha de su protagonista: convertirse en el primer buzo negro de la marina ( Brashear se enorgullece del término «negro» y pide que no se emplee el eufemístico «afroamericano»), y además mantenerse como tal luego del accidente que le costó la mitad de una pierna. Si hasta parece un libreto de ficción...

Para interpretarlo, el elegido fue Cuba Gooding Jr., a quien casi todos recuerdan como un actor con dinamita en su interior. Saltó y gritó en los Oscar, casi tanto como Roberto Benigni, cuando recibió la primera estatuilla por su papel en « Jerry Maguire», donde hizo famoso el latiguillo «¡Show me the money!». Por eso, no podía encontrarse el actor con una personalidad más contrastante que la de Brashear: el sacrificio, la resignación, las pocas palabras. Su contraparte en el film, el «Chief» Sunday (su mayor oponente y luego su mayor aliado), está interpretada por Robert de Niro.

En un hotel de Beverly Hills, este diario dialogó con Cuba Gooding Jr., en estos días también atareado con el futuro estreno del film con mayor presupuesto de la historia de Hollywood, «Pearl Harbor» (donde tiene el tercer papel en los créditos), y Carl Brashear, retirado de los mares desde 1968 y ahora estrenando el papel de asesor fílmico.

«Cuando leí el guión, el proyecto me sedujo pero no por lo que representa un personaje negro, sino por el sacrificio indivi dual de una persona -dice Gooding Jr-. Recuerdo que pregunté: pero, acá no hay nada de ficción? No, me contestaron. Todo lo contrario: hasta sacaron muchas cosas para que la historia se pudiera contar dentro de los tiempos de una película. La historia de este hombre fue dolor tras dolor, sacrificio tras sacrificio,y él siempre sin quejarse, sin protestar, siguiendo adelante.

Y cuando lo conocí, su mirada y su trato reflejaban exactamente lo que yo me había imaginado. Una manera amable, una paz interior que no vi en ninguna otra persona.»
•El inspirador Brashear no está a su lado en ese momento. Llega un poco más tarde y se incorpora a la conversación. «Sí, es fiel el guión -dice en voz baja-. Pero, usted sabe, el sufrimiento es silencioso y no es violento. Y el cine necesita estridencia. No es que lo que se ve en la pantalla no haya ocurrido, aunque la escena del accidente no fue tan espectacular como aparece; ocurre que hay otra manera de comunicar, y me parece bien que así sea».

Periodista.: ¿Y cómo se llevó con Cuba, se reconoce en él?

Carl Brashear: Desde el momento en que me propusieron llevar al cine mi historia, el rostro que imaginé fue el de él. Ningún otro. Y eso que en la comunidad negra hay muchos actores buenos. Pero yo no podía ver a otro más que a Cuba.

P.: ¿El título fue sugerencia suya?


C.B.:
No. Yo había sugerido otro. En lugar de «Men Of Honor» («Hombres de honor») sugerí « The Depth Of Courage» («La profundidad del coraje»). Creo que no es tanto un tema de honor lo que cuenta la película, sino de perseverancia. Y perseverancia allá en lo profundo, claro.

P.: ¿Cuba, cuánto de truco y cuánto de real hay en las escenas de buceo que se ven en el film?


Cuba Gooding Jr.
: Más realidad de lo que hubiera querido. Eso sí, trabajábamos en agua con una temperatura cálida, bastante más confortable que la que soportó Carl por cierto, pero, por Dios, lo peor de todo era la lentitud de los movimientos... todo tan lento, es desesperante moverse con todo ese equipo debajo del agua... eso hace que prácticamente se duplique el tiempo de trabajo y el estrés normal de cualquier rodaje.

P.: Bastante distinto de hacer comedias.


C.G.Jr.:
Bueno, pero es otro tipo de dificultad. Esta película tiene un tipo de exigencia propia, física y mental, pero preparar este personaje, y en especial conocer a la persona real que lo inspiró, lleva a un actor a un grado de emoción que no es difícil transmitir. Pero la comedia plantea problemas más complicados; hay que crear enteramente el papel, tener un grado de libertad y de creatividad internos que no siempre se encuentran. Y sobre todo, mantener ese espíritu a lo largo de toda la filmación. No es sencillo.

P.: ¿Qué lo atrae de un papel para aceptarlo?


C.G.Jr.:
La negociación con el estudio (risas). Vamos a ver. Si a mí me ofrecen un papel se supone que yo puedo hacerlo. No me van a ofrecer el papel de una soprano, o de un rubio, ¿no es así? Bueno, de modo que todos los papeles que me puedan ofrecer estoy en condiciones de hacerlos. Algunos me interesarán menos que otros, pero me considero un actor capaz de adaptarse a los personajes más diferentes entre sí, dentro de mi rango. Por eso, siempre digo que la clave para aceptarlo, o no, no son las características del papel sino la negociación con el estudio.

Carrera

P.: ¿Tampoco empezó usted en el cine con algún ideal determinado como actor?

C.G.Jr.:
No, mi trabajo era conseguir trabajo. No buscaba ningún papel en particular, sólo quería llegar, estar. Eso sí me lo propuse. Y la película que realmente me lo dio fue «Boys in the Hood» («Los chicos de la calle»). Ahí empezó todo; después, claro, los grandes placeres de «Mejor imposible» y «Jerry Maguire».

P.: ¿El Oscar le cambió algo la vida?


C.G.Jr.: Las negociaciones con los estudios, también (risas). Pero, en serio, el Oscar me cambió mi manera de pensar. No me creí, ni me creo, una gran estrella de cine, pero un premio como ese lógicamente hace que un actor mire hacia atrás y se diga: bueno, ya tengo una carrera. Lo que estoy haciendo ya no es un trabajo tras otro, sino que todo esto tiene que tener un sentido, una marca. Y sé que más tarde o más temprano voy a tener que pararme y empezar a buscar «el» gran papel... No lo sé, por el momento, el cine me gusta mucho pero más me gustan los momentos a pleno que paso, entre película y película, con mi mujer y mis dos hijos.

P.: ¿Y no se le dio aún por dirigir?

C.G.Jr.:
Por ahora ese es sólo un pedido de mi mujer. «Cuba, ¿por que no dirigís algo?» Son terribles las mujeres. Pero por ahora prefiero actuar.

P.: ¿Su próxima película?

C.G.Jr.:
Una comedia. Se llama «Rat Race», la dirige Jerry Zucker, uno de los directores de «¿Dónde está el piloto?», que transcurre en Las Vegas. Es la historia del magnate de un casino que está buscando nuevas formas de apuestas. Allí actúan también John Cleese y Whoopi Goldberg.

P.: ¿Le molesta que todavía le estén diciendo en todas partes «¡Show me the money!»?


C.G.Jr.: Ya estoy resignado. Y le voy a contar una anécdota. Una mañana estábamos filmando una escena de «Pearl Harbor». No había mucho despliegue en ese momento; era una escena pacífica. Y aparece un técnico, en lo alto, que no se da cuenta de que estamos rodando, y me grita al verme: ¡«Show me the money!». Por supuesto, arruinó esa toma.

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