Daniel Hendler (aquí junto a la eficaz Julieta Díaz) se luce en el protagónico de un film simple, entretenido y poblado de observaciones interesantes, no sólo sobre la relación padre-hijo.
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Lo que el personaje cuenta, son sus comienzos como esposo y padre de familia, así como las diferencias y coincidencias con su padre (un chanta muy comprador), y la inquietud por la posible herencia de la sangre, el famoso mandato paterno.
Para el caso, el joven es un profesor de Derecho bastante estructurado, quizá por tímido, de esos que ni siquiera dentro de su casa se quitan el traje, y en cambio el padre es un leguleyo que no sólo tiene metidos los libros en la sesera, sino, más que nada, tiene calle, y hay que agregar, tiene calle con todos sus bares aledaños, y su gente, y lo mejor es que, chanta y todo, él a la gente la escucha, la atiende, la ayuda, capaz que hasta la quiere. Por supuesto, también le saca provecho.
Precioso papel le ha tocado a
El momento en que eso ocurre, limpiamente emotivo, y muy simple, es también uno de los mejores momentos del cine de
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