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16 de enero 2003 - 00:00

Divertida animación danesa, sin la sensiblería americana

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Escena del film


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El molde, sin embargo, es típicamente norteamericano, tanto en diseño de caracteres y situaciones, como en el periódico -y generalmente innecesario-empleo de música pop, que a veces parece simple relleno. En compensación, la historia evita el excesivo ternurismo de algunos productos hollywoodenses.

El argumento es bastante simple y llevadero: dos chicos amigos y la hermanita de uno de ellos desatienden los consejos de sus padres, se meten en el laboratorio de un científico medio distraído, y se toman una pócima experimental que los convierte en seres marinos.

Por lo tanto, deben literalmente sumergirse en busca de un antídoto.

Como corresponde, sufrirán peripecias y desencuentros, y al final cada uno volverá a su casa, «si no más rico, más sabio», como decía la «Balada del viejo marinero», y los espectadores (de 13 años para abajo) también volverán a sus casas, atendiblemente satisfechos. No será el dibujo del año, pero sirve para refrescarse en este verano.

A propósito, hay algunos datos a tener en cuenta: 1) el científico no quiere conquistar el mundo ni nada de eso, sino, al contrario, salvarlo; 2) los chicos, con gran sentido de la responsabilidad, se transforman voluntariamente, a fin de ayudar a la nena que, ella sí, se convirtió en estrella de mar de puro toqueta: 3) el malo de la película es un bicho ambicioso, que quiere comandar un ejército de lo más pintoresco; y 4) el título original puede traducirse como «Socorro, soy un pez», y así se conoció en medio mundo, pero acá, por pura idiosincrasia, había que llamar a la madre. La verdad, queda mejor. Ahora, según la entonación, la misma frase puede sonar como un pedido de auxilio, una exclamación de asombro, o el equivalente a ese típico «mami, fijate de que me disfracé», que a veces puede sacar de quicio a cualquiera, y así andan después los pobres viejos desesperados chupando medusas, calamares, y todas esas porquerías con una aspiradora, a ver si encuentran a los chicos.

Producción danesa con auxilio técnico irlandés y escandinavo, su director principal se llama

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