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29 de enero 2004 - 00:00

Divertida comedia sobre la "segunda adolescencia"

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Son otros tiempos, desde luego; ya no hay, como detonante, una rubia platinada de faldas flotantes sobre el respiradero del subte, sino cualquier rubia vulgar que acomode su equipaje en el tren suburbano. La comezón viene acompañada por sus habituales efectos secundarios, a la manera de una segunda adolescencia: revistas eróticas ocultas entre libros, varios sitios web de adultos en Favoritos bajo el nombre de una carpeta respetable, algunos videos pornográficos. Cuando su mujer, Audrey, le encuentra una revista y lo descubre espiando a la joven vecina de enfrente en ropa interior, Alain decide consultar su caso con un sexólogo amigo.

Su hipótesis no es infrecuente entre cuarentones: el ginecólogo supone que su libido es volcánica pero que su esposa ni siquiera se acuerda ya dónde quedan los genitales. Pero la tesis del sexólogo es diferente: Alain no sólo no debería ocultar más sus fantasías sino compartirlas con su esposa. La tarea es encontrarle el punto D (ya no el obsoleto G), un sector poco especificado donde radica el deseo y la depresión, y que hay que saber estimular para mantenerlo siempre en la primera de las variantes.

El film de
También es irregular: la inclusión del personaje del cuñado gay y sus amigos travestis sólo estira innecesariamente la trama, y también ciertas previsibilidades que, sin embargo, no empañan la diversión.

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