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19 de diciembre 2006 - 00:00

Donizetti modesto, pero digno

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«Lucia di Lammermoor». Opera en tres actos. Mús.: G. Donizetti. Lib.: S. Cammarano. Dir. mus.: O. Gálvez Vidal. Dir. esc. e ilum.: C. Palacios. Esc.: Palacios-F. Nonino. Vest.: T. Argentino de La Plata. Orq. Sinf. Munic. de Avellaneda. (Teatro Roma).

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La versión de «Lucia di Lammermoor», de Donizetti vista en el Teatro Roma de Avellaneda está lejos de las espectaculares puestas del Teatro Colón en su sala y eventualmente -como la reciente «Turandot»- en el Luna Park, provistas de un abultado presupuesto; se inscribe entre las experiencias mucho más modestas realizadas con el esfuerzo de sus entusiastas participantes.

La más popular de la óperas de Gaetano Donizetti está enmarcada en el melodrama romántico y belcantista, y brilla por su pirotecnia vocal (la célebre escena de la locura de Lucia es un hito de la historia lírica). La versión del Teatro Roma se realizó en un escenario totalmente despojado, con unas pocas sillas (que nada tenían que ver con el estilo de las que se usaban en la Escocia del siglo XVI) y algunos estandartes transparentes con mapas dónde estaban ocurriendo las acciones dramáticas.

  • Puesta atípica

  • Los vestuarios alternaron los de uso diario de los coreutas y los de época de los cantantes solistas. En medio de este panorama peculiar y para nada tradicional, el régisseur Carlos Palacios se las ingenió para crear una puesta atípica, a un paso de la estética «trash», que no llega a ser «descartable» porque su instinto teatral le indicó jugar con las emociones de los distintos personajes y situaciones.

    Sorteados todos los peligros imaginables trabajando con tan paupérrimos recursos materiales, la régie -de intenciones políticamente correctas como la denuncia del autoritarismo y el machismo de la época, enunciados teóricamente- en lo concreto se plasmó en un espectáculo teatral raro y aún así, efectivo.

    En el plano musical, el concertador y director a cargo, Oscar Gálvez Vidal logró sacar lo mejor de la Orquesta Sinfónica de Avellaneda, que, por cierto, no es infalible, pero con la que salió adelante por su ímpetu y conocimiento de estilo. Los coros del Taller Argentino de Opera y el del Instituto de Música cantaron con intencionalidad y garra, en las frecuentes escenas concertantes. El buen gusto y la técnica depurada de la soprano Laura Polverini en el rol de Lucia fue factor determinante para que la producción, aun en su modestia, levantara vuelo. La artista no sólo cantó con excelentes condiciones (que deberá desarrollar más aún, como el registro agudo, todavía temeroso) sino también que actuó con convicción. José González Cuevas como Edgardo, Esteban Hildebrand (Enrico) y Giannantonio Verlato ( Raimondo) secundaron a la soprano con dispar fortuna. pero siempre con nobleza y entrega.

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