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23 de junio 2008 - 00:00

El arte contemporáneo hoy cotiza más que los Maestros

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Réplica de la pelota de fútbol del Mundial en EE.UU. hecha por Jeff Koons. Este «souvenir», que podría pagarse centavos en cualquier parte, cuesta 300.000 dólares por la firma de su autor.
La década de los ochenta fue la de mayor impulso de los precios del arte en la historia. Luego vino una tranquila década de los noventa y ahora, con el comienzo del siglo XXI, pareciera que la lógica está fuera del marcador: todo sube demasiado rápido pero, según un principio inexorable, «todo lo que sube, baja». Esperemos que así como están subiendo en forma astronómica los precios, la baja no sea con la misma violencia.

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Un ejemplo es la obra del irlandés Francis Bacon, considerado con justicia uno de los diez grandes artistas del siglo XX. Sus obras se vendían en un millón de dólares hace dos décadas; en noviembre de 2006 su precio alcanzó 15 millones en una subasta, y quien la compró la vendió dos meses después con una gran ganancia. Curiosamente, hoy está arrepentido, ya que en febrero de 2007 ya se alcanzaron los 27,5 millones por uno de sus característicos estudios de la obra de Velázquez sobre el Papa Inocencio X, y 3 meses después otro estudio similar se vendió en 52,7 millones. Ahora el empresario ruso Abramovich, propietario de petroleras y del club de fútbol inglés Chelsea, pagó 86,3 millones por un tríptico de 1976 que había sido comprado en menos del uno por ciento por los dueños del mejor merlot del mundo. el Chateuax Petrus, en la galería de Claude Bernard en París, donde también expone el argentino Antonio Seguí.

  • Imprevisible

  • Nadie puede ser gurú en este mercado alcista que, en 18 meses, multiplica por seis la cotización de un artista. Las grandes casas de subasta crecen y se especializan; el año pasado «Christie's» vendió por 6300 millones de dólares, realizó 600 subastas, vendió lotes entre 200 dólares y 80 millones de dólares, dividió sus ventas en 80 diferentes categorías lograndouna buena especialización, fundamental para atraer nuevos clientes y segmentar el mercado en forma correcta.

    Está presente en 43 países y hace subastas en 14 ciudades de todo el mundo. El mayor crecimiento es en el Arte Contemporáneo: el pasado mes vendió en una noche en Nueva York 350 millones de dólares con tan sólo 54 lotes y con una efectividad de 95% (sólo 3 quedaron sin vender). Cada lote se vendió en un promedio de 6,5 millones de dólares. Si esto no es surrealismo, ¿qué cosa lo será?

    Esa semana, en Manhattan, se vendieron casi mil millones de dólares en tres subastas y con sólo 182 lotes vendidos, un promedio por lote de 5 millones de dólares, suma jamás soñada por nadie en este mercado. Se superaron los récords de 30 artistas. Ya los grandes nombres no son Velázquez, Murillo, Da Vinci, Rubens o el Greco; ahora las estrellas son los Bacon, Rothko, Freud, Warhol, Klein, Richter, Murakami, Rauschenberg, Wesselman, Manzoni y Basquiat. Obras de todos ellos se pagaron más de diez millones de dólares. ¿Quiénes compran? Muchos son los desencantados con las acciones y bonos en el mundo, como los que invirtieron en China y en la bolsa de Shangai que ya perdieron la mitad de su capital en cinco meses. El 60% de los compradores son norteamericanos, 30% son los europeos y 10% es el resto del mundo, que aún intenta comprender esta inversión que da tantos dividendos a sus operadores.

    El volumen de ventas de arte moderno aumentó 4 veces en dos años; antes se vendían 100 millones promedio por subasta y ahora están cerca de los 400. Luego de un breve descanso en junio, vuelve ahora el movimiento con grandes subastas en Londres con la particularidad de que la tapa de catálogo es una pequeña pelotita de fútbol, realizada hace 25 años por Jeff Koons, que compartía su vida con la voluptuosa Cicciolina, y es una réplica de la pelota oficial del campeonato mundial, hecha en bronce, con cuatro copias y un pequeño diámetro de 19cm.. En fin, como un souvenir que podríamos comprar cerca del obelisco, pero con la pequeña diferencia que su base es de 300 mil dólares. Koons ya nos tiene acostumbrados a grandes sorpresas como las gigantescas bolas metálicas de los árboles de Navidad por las cuales se han pagado más de 20 millones de dólares. Esperamos que la cordura vuelva a los espíritus, tanto del exterior como a los locales.

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