10 de octubre 2008 - 00:00

El copyright en la Web, una guerra interminable

En estos días, la Motion Picture Association of America (MPAA) inició una demanda contra la empresa Real Networks para evitar la distribución comercial de su producto RealDVD, un software que permite la copia de películas directamente al disco de la computadora y, obviamente, también en sentido inverso. De acuerdo con la MPAA, el programa viola la Digital Millenium Copyright Act, acuerdo que regula el tema de los derechos de autor en medios digitales. La empresa damnificada sostiene que no sólo no viola dicho compromiso sino que, además, la DVD Copy Control Association -una organización sin fines de lucro, apadrinada por los grandes de la industria del entretenimiento, que está encargada de licenciar el sistema anticopia CSS a los fabricantes de reproductores de DVD, generadores de contenidos, etc.- ha perdido hace poco tiempo un juicio similar, contra otra compañía llamada Kaleidescape, que comercializa un producto muy parecido al RealDVD.

La noticia no sería gran cosa si no fuera porque reactualiza una de las batallas más silenciadas: la que se da entre los generadores de contenidos y los fabricantes de hardware y software específicamente diseñados para el copiado masivo de información. Un breve recorrido por esta historia permite recordar que fue la industria del entretenimiento la que fijó el estándar de grabación de los CD ROM (norma ISO 9660), pese a que el sistema « informático» era mucho más eficiente. A partir de ese momento, ambas industrias estuvieron ligadas de manera muy estrecha, generando los problemas que son habituales hoy en día. A partir de las malas experiencias en el mundo de la música, los films digitales comenzaron a incluir algoritmos anticopia cada vez más sofisticados, que han demostrado ser también muy vulnerables.

Los fabricantes de hardware y software de almacenamiento masivo buscan soluciones para que sus usuarios puedan guardar información digital de manera apropiada. Muchos de los problemas relacionados con el copiado ilegal podrían haberse evitado con una decisión adecuada en los inicios de esta era digital, pero entonces pesó más la posibilidad de un mercado potencial, como el de los usuarios de PC, que la reflexión respecto del eventual futuro del medio. Quizá cabría preguntarse, a esta altura, si las pérdidas por copiado ilegal son equiparables a los mercados adicionales «captados», y que mientras no se comprenda que esta batalla está perdida de antemano -porque los usuarios seguirán utilizando libremente las tecnologías que adquieran-, el conflicto seguirá absorbiendo recursos que podrían tener un mejor destino.

Horacio Moreno

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