Algo semejante habrán sospechado los autores, ya que pusieron una escena donde, para placer del espectador que no puede aguantarlo más, en cierto momento los niños del barrio, llevando cada uno un bate de sóftbol, confunden al gato con una piñata. Lástima que siga vivo, e igual que antes: más histérico que gracioso.
La historia es sencilla y sin mayores vueltas. Hay un lugar de cuento, una madre joven que va a la oficina, dos niños que se quedan aburridos en casa... La nena vaya y pase, pero el nene es bastante fastidioso. Y justamente para que aprenda una lección, aparece el bicho del cuento, que es destrozón como él, y encima pícaro.
De los desastres resultantes, surge una linda moraleja. Y, de paso, la familia expulsa a un tipo falso y entrometido que le arrastra el ala a la joven madre. Vale decir, espíritu de cuento (incluso con un narrador que habla en verso), lindos efectos digitales, bastante destrozo, reunión familiar, y un aparato de limpiar y arreglar más completo que los pajaritos que ayudaban a la Cenicienta a tender la cama.
Pero todo forzado, como de receta, de rutina, sin mayor gracia, sin encanto perdurable.Una lástima. Bueno, tampoco es como para darle el premio a la peor cinta del año. A fin de cuentas, dura menos que
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