30 de agosto 2007 - 00:00
"El mejor español se usó para la obra más procaz"
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La nueva película de Netflix grabada en la Cataratas del Iguazú que se convirtió en la más vista de la plataforma
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Con un regreso triunfal: Netflix estrenó la nueva temporada de una serie muy esperada y popular
Daniel Suárez
Marzal dirigirá
a Elena
Tasisto en el
clásico de
Fernando de
Rojas «La
Celestina», en
una versión
«camarística»
de una hora y
media.
D.S.M.: Nosotros hemos ahondado en los aspectos cómicos porque son verdaderamente deleitosos y únicos. Aquí las procacidades van junto al más delicado de los idiomas. La obra sorprende por su gran amplitud de criterio frente a los temas religiosos y sexuales. Es de una gran libertad.
P.: ¿Su puesta tiene mucha carga erótica?
D.S.M.: Mucha, y despertada por el propio texto. Los actores lograron transformarla en una puesta muy audaz.
P.: Surraco y Díaz fueron pareja en la vida real...
D.S.M.: Sí, lo fueron y parecen seguir siéndolo en la obra. Yo sé que ahora no, pero hasta creería que su pasado vínculo colaboró en la construcción de sus personajes. Además, quiero destacar la presencia de dos magníficos contratenores, Pehuén Diaz Bruno y Nicolás Bernazzani, también autor de la música.
P.: ¿Cómo definiría a Celestina?
D.S.M.: Ella se define a sí misma como poseedora de muchos oficios: un poquito hechicera, al principio lavandera -para tapar otras cosas que hace-, puta vieja, remendadora de virgos. Hace todo eso para ganarse la vida. Pacta con Dios y con el diablo según le convenga, pero no es una vieja bruja sino un personaje simpático, seductor y muy procaz. Creo que a Elena Tasisto le tocó el personaje más zarpado de su carrera, más que nada desde lo físico. Claro que trabajar con ella es como tocar con un Stradivarius.
P.: Pasemos al Colón. ¿Se van a cumplir los plazos de reapertura?
D.S.M.: No lo sé muy bien, yo siempre desconfío de los cambios de gobierno. Los argentinos no hemos progresado mucho en el campo institucional. El que llega al poder nunca sigue el trabajo que inició el gobierno anterior, esperemos que ahora sea distinto.
P.: ¿Habrá cambios en la dirección del Colón?
D.S.M.: No creo. Hay que valorar la gestión de Marcelo Lombardero. Esto de sacar el teatro Colón afuera y de no amilanarse ante las dificultades. Si por cualquier motivo el Colón no reabre a tiempo, sé que Lombardero va seguir con la temporada como sea.
P.: ¿Fue importante esta gira con «Turandot» a México?
D.S.M.: Si yo hubiese sido director del Colón habría hecho eso y más. Siempre dije que hay que trabajar con el Mercosur y dejarse de historias con esta cosa elitista que tuvo siempre el Teatro Colón, porque nuestros vecinos ya nos superaron. Santiago de Chile tiene una excelente temporada de ópera, Montevideo también. Hay que trabajar más con estos países y ni qué hablar de Venezuela y San Pablo, que cuentan con una gran infraestructura. Es un desperdicio no aprovechar esa posibilidad. Tampoco entiendo que con los magníficos teatros que hay en el interior no exista un plan federal de ópera. Yo lo planteé cuando estuve en el Teatro Argentino de La Plata, pero me encontré con que cada uno cuida su propio terrenito. No se dan cuenta de lo fácil que sería organizar una red.
P.: ¿A qué nivel?
D.S.M.: Obviamente necesitaríamos de un Ministerio de Cultura y no de una Secretaría que carece de autonomía económica. Todavía estamos dependiendo de una Secretaría de Presidencia de la Nación que, si tiene buena voluntad, interviene y arregla el problema, pero a veces tarda demasiado. Pasaron dos años de Sinfónica nacional parada, de Cervantes cerrado, todo esto porque no se tienen las armas económicas para cambiar esa estructura. La provincia de Buenos Aires tiene su Ministerio de cultura (bautizado Instituto cultural), la Ciudad de Buenos Aires también tiene el suyo; no puede ser que no haya un Ministerio de cultura de la Nación. Me parece que ahí está la madre del borrego.
Entrevista de Patricia Espinosa




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