7 de diciembre 2005 - 00:00
El Teatro Cervantes en crisis no define su temporada 2006
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Julio
Baccaro:
«Este fue un
año muy
difícil para
todas las
instituciones
teatrales y
no sólo para
las de
nuestro país;
si no, mire lo
que pasó en
la Scala de
Milán».
Periodista: Empecemos por el Teatro Cervantes ¿Los conflictos gremiales están retrasando el anuncio de la nueva programación?
Julio Baccaro: En este momento tenemos una serie de problemas que resolver. Le aclaro que el Cervantes está absolutamente al día con su personal y con sus actores, pero más allá de esto existe un reclamo permanente del personal técnico que viene de larga data, y que tiene que ver con la especificidad de su tarea, que no está reconocida. Ellos siguen figurando como administrativos, y como este problema persiste ha originado en estos días una medida de fuerza, no tan grave porque la temporada ha terminado. Están intentando que el tema sea tratado en paritarias. Todos queremos que así sea. Como director me preocupa que vuelvan al trabajo, pero como colega creo que tienen derecho a reclamar por lo suyo. La Secretaría de Cultura también cree lo mismo, pero esto escapa a su manejo. Es una decisión que tiene que tomarse desde más arriba; en consecuencia, el teatro está en un momento de impasse. Va a haber una comunicación al respecto en los próximos días. Ahora estamos viendo la forma de solucionar esto y también el tema de la programación.
P.: ¿Usted y la subdirectora actual van a diagramar la próxima temporada?
J.B.: El decreto de autarquía dice que el director y subdirector deben ser elegidos por dos años, renovables a dos años más; de modo tal que en el mes de marzo tanto Eva Halac como yo dejaremos el Cervantes. La idea es dejar algo armado, como corresponde. Este fue un año muy difícil para todas las instituciones teatrales y no sólo para las de nuestro país; si no, mire lo que pasó este año en la Scala de Milán, estuvo meses en conflicto.
P.: Pasemos entonces a temas más amables para usted. ¿De qué trata «Rotos de amor»?
J. B.: Cuenta la historia de cuatro compañeros de trabajo que por distintas circunstancias se encuentran solos y desamparados del amor, pero conservan la ilusión de encontrarlo. No es una obra costumbrista, tiene una chispa y un vuelo poético que la hacen muy diferente a lo que se ha visto hasta ahora. Sus diálogos son muy ricos porque ellos se preguntan cómo es el amor y reflexionan sobre sus distintas modalidades, siemprecon mucho humor y ternura.
P.: La elección del elenco sugiere arquetipos ¿Cómo definiría a cada uno de estos personajes?
J.B.: Contreras es como el representante sindical de todos ellos, tiene una retórica muy abundosa y maneja el lenguaje como el mejor. Fanego hace de mudo, sólo se expresa por sonidos y eso le aporta otro dato curioso a la obra. Es una galería de personajes muy interesante: hay un viudo, un separado, un soltero y otro al que abandonó su mujer. Este surtido de circunstancias los diferencia sustancialmente...
P.: Seguro que Garzón interpreta a un chanta...
J.B.: ¡No! Esta vez tiene a su cargo a un personaje muy sensible y romántico que vive de ilusiones y es incapaz de concretar algo con las mujeres.
P.: ¿Y Laplace?
J.B.: Compone a un señor puntilloso, obsesivo y muy pulcro. La obra parte de una problemática muy sólida y luego se va viendo cómo cada uno de estos hombres va enfrentando sus problemas, fracasos y frustraciones. Esta es una obra universal, no tiene nada que ver con el naturalismo argentino. A mí estos personajes me recuerdan a Chaplin, Buster Keaton, Giancarlo Giannini, Alberto Sordi... En la puesta incorporamos un tango y un bolero, pero porque son músicas que hablan del particular encuentro entre el hombre y la mujer.




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