13 de noviembre 2007 - 00:00

En la "Aída" high tech el canto no es lo único

Una inmensa pirámide que se mueve a través de un mecanismo hidráulico y las llamaradasque surgen de la boca del escenario son licencias del florentino Pier’Alli.
Una inmensa pirámide que se mueve a través de un mecanismo hidráulico y las llamaradas que surgen de la boca del escenario son licencias del florentino Pier’Alli.
San Pablo - Más allá de los prejuicios que los espectáculos masivos suscitan en los puristas de la lírica, pasado mañana en el Hipódromo de San Isidro, cuando se presente «Aída» de Verdi, se sabrá si es posible crear, al aire libre y en medio del campo, con amplificadores, micrófonos, consolas y aparatos de última generación, un espacio virtual para que las voces y la orquesta suenen como en un teatro lírico y no como un concierto de heavy
metal.

Antes de llegar a Buenos Aires y luego de su estreno en Monterrey, la productora alemana Art Concerts presentó en el anfiteatro cubierto Credicard Hall de San Pablo, con capacidad para 5000 espectadores, más de una decena de funciones de esta «Aída» high tech, que cuenta con sobrado despliegue escenográfico.
Una inmensa pirámide que se mueve a través de un mecanismo hidráulico, y la presencia del fuego en teas ardientes y llamaradas que surgen de la boca del escenario, son licencias del florentino Pier'Alli, responsable además del vestuario y de las proyecciones que se acercan y se alejan con efecto zoom.

Lo primero que se advierte al ver el espectáculo, es que en el resultado final pesan tanto el sofisticado trabajo de los ingenieros de sonido como la calidad de las voces y la orquesta, además de la resistencia de músicos y cantantes que en 2006 presentaron 60 funciones ante casi medio millón de espectadores. Si bien la compañía cuenta con dos o más elencos para los protagónicos, lo que le permite mantener un ritmo poco frecuente para la ópera, en San Pablo varios cantantes y el director de la orquesta sinfónica de Ucrania, Walter Haupt, ensayaban «Carmen» por la tarde y presentaban «Aída» por la noche.

En el primer acto, Radamés, interpretado por el colombiano Ernesto Grisales, descendió las escalinatas de la pirámide cantando «Celeste Aida» sin demasiado entusiasmo. Pocas horas antes, para quedarse con Carmen y loco de celos, se había batido a duelo como Don José.

Sobre este tema, conversó con este diario la bella soprano mexicana Eugenia Garza que interpreta el papel de Aída y ensaya la dulce Micaela de «Carmen». En un camarín donde la computadora tiene más espacio que el maquillaje, esta princesa etíope cibernética habla sobre cómo es la ópera para multitudes. Consultada sobre la exigencia que impone una compañía para todo público a los cantantes, y sobre la posibilidad de que las voces se quiebren, la soprano explica que todo es cuestión de aprender a decir que no.

«No es no», reitera. «No voy a un ensayo el día que tengo función. Fui muy clara en mis especificaciones». Pero acerca de la sobreexigencia de interpretar la Micaela de «Carmen», aduce que es un papel que ha resuelto en «funciones diversas y acaso, también, adversas». Garza no conoce Buenos Aires, pero si conoció al director artístico del teatro Colón, Marcelo Lombardero, quien le dejó un recuerdo «imborrable», al punto que espera volver a verlo.

Cuenta la mexicana que estaba en una audición con el poderoso representante de artistas,el español José Velazco, cuando ingresóLombardero enojadísimo porque le habían cambiado las monjas. Claro, se trataba de las disciplinadas religiosas de la ópera de Poulenc «Diálogo de Carmelitas», que el argentino presentó en el teatro Bellas Artes de México.

El barítono Claudio Malgesini, un argentino oriundo de Quilmes que vive en Madrid, reconoce que la experiencia de la compañía alemana puede ser demoledora, pero asegura que se compensa económicamente al aumentar la cantidad de funciones. Se lamenta de no haber sido elegido para integrar el elenco que llegará a Buenos Aires, porque el ruso Nikolai Necrasov cantará como Amonasro.

En el elenco que llegará a la Argentina se destaca Irina Bossini, una rusa nacida en Siberia que parece encarnar la esencia de una cantante de ópera, con una voz tan generosa y cargada de matices como las dimensiones de su poderoso cuerpo, que se desplaza representando Amneris por el escenario y devora con su presencia toda la atención.

El nombre de Stefan Toennis no figura en el programa, pero es un especialista en sonido que estudió cinco años en Universidad de Dusseldorf y tiene a su cargo la prosaica aparatología que se esconde detrás del escenario. Bajo el control de este ángel rubio de 32 años están los 96 canales de los cantantes y la orquesta.

Al referirse a las particularidades de cada una de las voces de los solistas, Toennis cuenta que hay un programa para cada cantante, que puede modificarse según sean las condiciones de la voz en cada función.

Reconoce también que deposita su confianza en el oído y aclara que, en ocasiones, las pasiones de los cantantes no se llevan bien con la tecnología, ya que no todos saben trabajar con micrófonos y los registros muy altos pueden saturar el sonido. El único temor de Toennis para enfrentar el aire libre es el viento, que provoca acoples y un sonido difícil de evitar.

Resulta imposible dejar de comparar esta «Aída» con la «Turandot» que presentó el teatro Colón en el Anfiteatro del Distrito Federal de México ante más de 25.000 espectadores, entre los que estaba Gabriel García Márquez, cuando por primera vez salió del país con más de 200 artistas y técnicos y 20 toneladas de equipaje. Es decir, el Colón demostró en esa ocasión que supo capitalizar la experiencia de llevar la ópera al Luna Park, y que tiene condiciones competitivas para salir a conquistar nuevos escenarios. En el auditorio paulista poblado con afiches de Caetano Veloso y Gilberto Gil, los aplausos para la ópera no fueron excesivos. Y ahora la gran aspiración es seducir al esquivo público porteño.

Dejá tu comentario

Te puede interesar