13 de noviembre 2007 - 00:00
En la "Aída" high tech el canto no es lo único
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Netflix sorprendió a todos con el estreno de una comedia alemana con un nombre muy particular
Una inmensa pirámide que se mueve a través de un mecanismo hidráulico y las llamaradas
que surgen de la boca del escenario son licencias del florentino Pier’Alli.
metal.
Una inmensa pirámide que se mueve a través de un mecanismo hidráulico, y la presencia del fuego en teas ardientes y llamaradas que surgen de la boca del escenario, son licencias del florentino Pier'Alli, responsable además del vestuario y de las proyecciones que se acercan y se alejan con efecto zoom.
Cuenta la mexicana que estaba en una audición con el poderoso representante de artistas,el español José Velazco, cuando ingresóLombardero enojadísimo porque le habían cambiado las monjas. Claro, se trataba de las disciplinadas religiosas de la ópera de Poulenc «Diálogo de Carmelitas», que el argentino presentó en el teatro Bellas Artes de México.
El barítono Claudio Malgesini, un argentino oriundo de Quilmes que vive en Madrid, reconoce que la experiencia de la compañía alemana puede ser demoledora, pero asegura que se compensa económicamente al aumentar la cantidad de funciones. Se lamenta de no haber sido elegido para integrar el elenco que llegará a Buenos Aires, porque el ruso Nikolai Necrasov cantará como Amonasro.
En el elenco que llegará a la Argentina se destaca Irina Bossini, una rusa nacida en Siberia que parece encarnar la esencia de una cantante de ópera, con una voz tan generosa y cargada de matices como las dimensiones de su poderoso cuerpo, que se desplaza representando Amneris por el escenario y devora con su presencia toda la atención.
El nombre de Stefan Toennis no figura en el programa, pero es un especialista en sonido que estudió cinco años en Universidad de Dusseldorf y tiene a su cargo la prosaica aparatología que se esconde detrás del escenario. Bajo el control de este ángel rubio de 32 años están los 96 canales de los cantantes y la orquesta.
Al referirse a las particularidades de cada una de las voces de los solistas, Toennis cuenta que hay un programa para cada cantante, que puede modificarse según sean las condiciones de la voz en cada función.
Reconoce también que deposita su confianza en el oído y aclara que, en ocasiones, las pasiones de los cantantes no se llevan bien con la tecnología, ya que no todos saben trabajar con micrófonos y los registros muy altos pueden saturar el sonido. El único temor de Toennis para enfrentar el aire libre es el viento, que provoca acoples y un sonido difícil de evitar.
Resulta imposible dejar de comparar esta «Aída» con la «Turandot» que presentó el teatro Colón en el Anfiteatro del Distrito Federal de México ante más de 25.000 espectadores, entre los que estaba Gabriel García Márquez, cuando por primera vez salió del país con más de 200 artistas y técnicos y 20 toneladas de equipaje. Es decir, el Colón demostró en esa ocasión que supo capitalizar la experiencia de llevar la ópera al Luna Park, y que tiene condiciones competitivas para salir a conquistar nuevos escenarios. En el auditorio paulista poblado con afiches de Caetano Veloso y Gilberto Gil, los aplausos para la ópera no fueron excesivos. Y ahora la gran aspiración es seducir al esquivo público porteño.



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