29 de noviembre 2007 - 00:00

"En mucha danza actual, el bailarín no sabe adónde ir"

Pederneiras: «Creo que la Argentina podría emular a Brasil en su política cultural: más acuerdos con privados para ayudar a las compañías oficiales que lo necesiten, y que no salga más dinero del Estado».
Pederneiras: «Creo que la Argentina podría emular a Brasil en su política cultural: más acuerdos con privados para ayudar a las compañías oficiales que lo necesiten, y que no salga más dinero del Estado».
Desde hoy hasta el 2 de diciembre el Grupo Corpo de Brasil volverá a presentarse en el país. Se trata de un espectáculo de la Fundación Julio Bocca, que hace una semana presentó también al Ballet Nacional de España. El Grupo Corpo tiene su sede en Belo Horizonte, y fue fundado por los hermanos Rodrigo y Paulo Pederneiras en 1975. Su primer espectáculo fue «María, María» una obra con coreografía del argentino Oscar Araiz con música del brasileño Milton Nascimento.

Esta primera creación tuvo una fuerte recepción internacional y se mantuvo en cartel desde 1976, año de su creación, hasta 1982. En 1981, Rodrigo Pederneiras asumió las coreografías de este grupo, cuya estética del grupo se ha comparado con la de la ópera. En las obras de Pederneiras hay una conjunción de elementos que se aglutinan como en los espectáculos líricos. La primera obra que ahora ofrecerá Corpo es «Lecuona» (2004), un ballet compuesto por doce pas de deux, uno para cada canción del compositor cubano Ernesto Lecuona (1895-1963), y la que cierra el programa es «Breu» (2007) con música de Lenine, escenografía y vestuarios de Paulo Pederneiras. Dialogamos con Rodrigo Pederneiras.

Periodista: ¿Por dónde pasa hoy la creatividad de la danza en Latinoamérica?

Rodrigo Pederneiras: Yo no soy el más indicado para hablar de esto, ya que veo muy pocas cosas porque nosotros viajamos y trabajamos mucho con la compañía, hacemos un promedio de 90 funciones al año; pero, por lo poco que veo, creo que hay una tendencia muy fuerte hacia la danza-teatro. Sin embargo, la utilización de las palabras (no es que no me guste la danza teatro, soy un apasionado de Pina Bausch, por ejemplo) no es lo más conveniente para el ballet. Creo que viene de una escuela que nunca comprendí muy bien, la del «todo se puede». Y yo creo que no todo se puede. Se puede si hay un conocimiento, una base sólida. La gente empezó a hacer danza donde la palabra tuvo una mayor preponderancia que el movimiento, que la danza misma. Hoy hay una tendencia a disminuir la danza y priorizar la palabra, la esencia del teatro. Pero con los que se trabaja no son actores sino bailarines...

P.: Y por lo general no son buenos actores.

R.P.: Es verdad. Se ven algunas cosas buenas, rescatables, pero 90% de lo que he visto lo detesté. Creo que no hay preocupación por la composición coreográfica. ¿Qué es la composición coreográfica? Son las estructuras, que hay que respetar. No es simplemente sentarse al piano y tocar cualquier cosa. Yo veo un poco la danza como caminando por ahí, en esa dirección errática. En ocasiones me he encontrado con gente mejor preparada para la danza contemoporánea, pero me gustaría que esta manera de realizar danza se cambie. La fórmula es esta: gente caminando y luego vienen las variaciones, un movimiento y luego corro un poco y otras variaciones, corro y más variaciones. Con este presupuesto técnico y espiritual es muy difícil hablar de danza. Casi no existe ni trasciende.

P.: Usted citó a Pina Bausch, que es un ícono de la danza contemporánea.

R.P.: Ella sabe lo que quiere y todo lo hace bien. Sus obras son integrales. Por ejemplo, su colaboración en la película de Almodóvar, «Hable con ella», pone a una serie de parejas que todas hacen lo mismo bailando una suerte de rumba flamenca, pero ello está tocado por la genialidad de una artista como Bausch. Lo que a mí no me gusta son los hijos de ella que no han aprendido suficientemente la lección.

P.: ¿Observa diferencias entre la danza que se hace en Europa y la de Latinoamérica?

R.P.: Sí, las hay. Traté por muchos años de incorporar en mis trabajos elementos de la cultura brasileña. Tanto relativo a lo social como a lo folklórico. Pero crear una obra no es tomar un trozo de la realidad y trasladarla al escenario. Hay que trabajar sobre una concepción estética que valorice la elección de esa porción de la realidad.

P.: ¿La danza tiene ayuda oficial en Brasil?

R.P.: Tenemos sólo el patrocinio de Petrobras. Es dinero del gobierno, porque en Brasil las empresas que colaboran con el arte no pagan impuestos. El Estado no aporta nada. Somos una compañía independiente, no tenemos ninguna atadura al Estado y esto es mejor para nosotros.

P. : El Colón está pasando un período muy difícil, con su sede en refacciones y una temporada para 2008 inexistente, ¿puede opinar sobre eso?

R.P.: Creo que no hay voluntad política para modificar cosas. Se tiene un espacio propio, se tienen los salarios que se pagan, es decir el dinero sale del Estado. Entonces es todo una una cuestión de decisión política. El Gobierno debería hacer acuerdos con las empresas privadas para ayudar a las compañías oficiales que lo necesitan y hacer que no salga más dinero de los cofres del estado. Habría que negociar con todo esto. Algo que podría suceder aquí perfectamente.

P.: ¿Cómo definiría su estilo de danza?

R.P.: La llamaría danza contemporánea. Pero una danza contemporánea que hace que el bailarín baile, y no como en cierto tipo de danza que pone al bailarín a caminar por el escenario sin destino.

Entrevista de Eduardo Giorello

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