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28 de agosto 2008 - 00:00

Entretenido delirio de un ruso en Hollywood

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Los íconos hollywoodenses Angelina Jolie y Morgan Freeman son utilizados por el director ruso Tinur Bekmanbetov con la misma originalidad con la que usa los efectos y la pesadillesca trama de «Se busca».
«Se busca» (Wanted, EE.UU.Alemania, 2008, habl. en inglés). Dir.: T. Bekmambetov. Int.: J. McAvoy, M. Freeman, A. Jolie, T. Stamp, Common, T. Kretschmann.

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La miserable existencia de un patético oficinista es abruptamente interrumpida por la aparición de Angelina Jolie, una super asesina que le informa que su padre, al que él nunca conoció, acaba de morir, y que quieren matarlo a él también . Dado que su padre era el mejor ejecutor de una milenaria organización secreta dedicada a impartir justicia por encima de las leyes ordinarias, se supone que el oficinista lleva ese talento en sus genes y por lo tanto debe aceptar su destino y entrenarse en el arte de matar.

Totalmente entregado a esa especie de viajealucinatorio que de un día para otro lo convierte de hombrecito gris a sofisticado vengador implacable, el protagonista acepta todo lo que le dicen y, sólo cuando la evidencia es abrumadora, empieza a entender que esa elite supuestamente superior quizá no sea otra cosa que una versión criminal y mucho más terrible del mismo tipo de engaños y humillaciones padecidas a lo largo de toda su vida.

En 2004, el director Timur Bekmambetov rompió todos los esquemas de la industria y la tradición del cine ruso con «Guardianes de la noche», especie de variación sobre «The Matrix» que se transformó en una de las películas rusas mas taquilleras tanto local como internacionalmente.

Adaptando un comic del inglés Mark Millar y con un gran presupuesto a su disposición, el debut hollywoodense de este inconoclasta ruso lo muestra fiel a sus obsesiones de combates entre mundos virtuales que viven dentro del nuestro. Es decir, nuevas variaciones, cada vez más salvajemente imaginativas, sobre la imaginería de «The matrix», esta vez con toques de «Brazil», «El Proceso» y hasta un cierto humor negro que podrían vincularse con el cine de Polanski e incluso la literatura del absurdo de Stanislav Lem y sus apuntes sobre la burocracia soviética. Bekmambetov no se anda con pequeñeces. Sus tiroteos tienen balas que pueden ser disparadas con curvas (con «efecto», agregado por estos talentosos asesinos), los trenes se descarrilan de modos que el espectador jamás vio en su vida, y un auto puede dar un trompo en el aire arriba de una limusina para poder balear desde el techo, único sitio sin cristales antibalas, a una víctima de esta elite homicida.

El delirio transcurre sin otra lógica que la que el director intenta imponer, por suerte sin tomarse muy en serio sus pesadillas urbanas llenas de una violencia y una incorrección política inusitadas (algo que se nota especialmente durante las escenas del cruel entrenamiento del protagonista). Todo resulta en algo así como un cartoon con personajes que se exterminan unos a otros de las maneras más entretenidas e inusuales, sólo que con imágenes filmadas con una curiosa cualidad hiperrealista.

Esta cualidad tambien se aplica al original modo en el que el director utiliza a dos íconos del Hollywood moderno como Angelina Jolie y Morgan Freeman, mientras la expresividad va por cuenta del atribulado protagonista. James McAvoy, perfecto en su papel de loser sometido a todas las penurias y torturas físicas imaginables en esta película que puede parecer genial o completamente descerebrada, pero nunca aburrida.

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