30 de abril 2004 - 00:00
"Este personaje me contractura"
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Tina Serrano
Periodista: «Las sacrificadas» es una obra que oculta más de lo que dice ¿Está de acuerdo?
Tina Serrano: Yo creo que es muy claro y entendible todo lo que plantea. Mi personaje se sumerge en la morfina porque no soporta esa sociedad tan pacata y tan hipócrita que la rodea. Lo dice varias veces. Es una mujer que resulta peligrosa para ese pueblo. Según se deduce ha tenido muchos amantes y cuando empieza la obra convive con su cuñado que la protege. Digamos que lleva una vida airada, pero es una mujer muy enferma... (Se ríe) ¡Yo siempre defiendo a mis personajes! No se es morfinómana porque sí. Hay situaciones sociales que las personas muy débiles no pueden soportar y entonces se drogan. ¿Se acuerda que en la película de Bertolucci, «El último emperador», la mujer de él se daba con opio porque no soportaba los cambios que se les venían encima? Bueno, más o menos es eso lo que le pasa a mi personaje.
P.: Es curioso que una pieza de los años '20 toque el tema de la droga con tanta frontalidad.
T.S.: Bueno, la morfina es un calmante y anestésico. Según tengo entendido el cuerpo se acostumbra a ella y si el enfermo no la toma, sufre unos dolores físicos terribles. Esta mujer tiene problemas de movilidad y si no toma la droga le duelen mucho sus músculos, pero al mismo tiempo se le van dañando otros órganos, como por ejemplo, los riñones.
P.: ¿Fue muy duro componer este personaje que va empeorando a lo largo de la obra?
T.S.: Sí todo esto es muy fuerte. Estoy toda contracturada. Pero, Roberto Villanueva es muy inteligente y muy buena persona y yo le tengo mucha confianza, nos conocemos desde la década del '70, si él me pide que me tire al río yo me tiro.
P.: En «Resistiré» también se tiró al río.
T.S.:Ah sí, y me convertí en un sex-symbol. ¡Fue muy gracioso! Con Claudito Quinteros, que hacía de mi sobrino, le aportamos muchas cosas a esa relación y los autores aceptaron seguirnos. Y el público agradecía mucho que una mujer grande se animara a tener de amante a alguien tan joven. Tiramos abajo ese fantasma de que pasada cierta edad no podés seducir a nadie. Por supuesto, esa cosa perversa del incesto fue lo que más pesó, pero por la calle siempre me trataron con cariño. Muchos de los que me paraban conocían muy bien mi carrera. ¡Son más de lo que yo creía!
P.: Usted empezó a actuar desde muy jovencita.
T.S.: Bueno, yo he sido hija de un actor, Enrique Serrano, y no fue fácil.
P.: Pero tuvo de modelo a uno de los mejores comediantes que dio la Argentina.
T.S.: Sí, pero era mi papá y uno no es admirador de los padres. Todo lo contrario.
P.: ¿Y qué pensaba cuando lo veía actuar?
T.S.: ¡Qué se yo! Que era gracioso, pero igual no dejaba de ser mi padre. No es que no haya estado orgullosa de él. Veía su talento, pero como conocía toda la interna... Yo me sabía los libretos de memoria y hasta me adelantaba a los parlamentos de los actores. Una vez, mi papá me hizo echar del foso de la orquesta. Le dijo al acomodador: «¡Llévese a esa chica de ahí, por favor, que está molestando!». Se dio cuenta de que la gente miraba para otro lado porque yo hacía monerías.Yo tenía unos 8 años.
P.: Una vocación precoz...
T.S.: Ah, sí era muy dinámica y macaneadora. De chiquita agarraba un libro y hacía como que leía, pero las historias las inventaba yo. Hasta que un día el actor Arturo García Buhr me descubrió y dijo delante todos: «Pero esta chica no pasa nunca las páginas». Y yo... ¡lo quería matar!
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