ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

11 de octubre 2006 - 00:00

Estupendo cierre del ciclo Nuova Harmonia

ver más
Orchestra della Toscana. Dir.: G. Ferro. Solista: R. Cominati (piano). Obras de G. Battistelli, M. Ravel, M. de Falla y S. Prokofiev. (Teatro Colón, 9/10.)

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

El ciclo Nuova Harmonia, de la Fundación Cultural Coliseum, cerró el lunes en el Teatro Colón una temporada anual que tuvo puntos altos no sólo con la actuación de destacados artistas y conjuntos extranjeros sino también con argentinos como el pianista Horacio Lavandera, la Orquesta Sinfónica Nacional o Ana María Stekelman y su celebrado «Tangokinesis».

La última fecha del ciclo fue reservada para la ya conocida entre nosotros «Orchestra della Toscana», dirigida por Gabriele Ferro con la participación como solista del pianista napolitano Roberto Cominati. La agrupación sinfónica formada en Florencia en 1980 posee una elevada calidad técnica y contenidos claros, algo que evidenció en la primera obra del programa: «Aprés Josquin», que se ofreció en carácter de estreno mundial y que, curiosamente, fue la única obra de autor italiano que se incluyó en el menú, si se exceptúa la obertura de Rossini agregada como único bis.

Encqargada por la Orquesta della Toscana, esta breve obra sinfónica de Giorgio Battistelli (1953) es de alguna manera una relectura de algunos procedimientos armónicos utilizados por el autor franco-flamenco Josquin Des Prés. «Una traición conciente a un procedimientocompositivo» explica el autor acerca de su trabajo, que ostenta un refinado manejo de la orquestación en función de una evocación dramática y no convencional del músico del 1400. Instrumento ideal para el lucimiento orquestal, la obra tuvo pulcritud técnica y refinamiento en su ejecución, lo mismo que el acompañamiento del brillante Roberto Cominati en el bellísimo Concierto en Sol Mayor, para piano y orquesta de Maurice Ravel.

El pianista demostró una vez más ser uno de los mayores virtuosos del teclado de Italia con la creación de un clima fantástico, cálido, fluido en los tres movimientos de la obra que medió con riqueza de matices y una conceptualización apropiada. El fraseo transparente y lírico del «Adagio assai» resultó tan magnífico que preparó para el presto final con una demostración de rigor y estilo.

Con gesto seguro, Gabriele Ferro siguió de cerca los pasos del pianista en todo momento, logrando un ensamblamiento coherente. En cambio, pareció más vulnerable la visión de Ferro en la suite para orquesta «El amor brujo» de Manuel de Falla, restándole por momentos grandiosidad sinfónica, sobre todo en los tramos finales («Las campanas del amanecer»).

El concierto se cerró con la humorística y juguetona Sinfonía «Clásica», Re Mayor, Op. 25, de Prokofiev con sus cambios temporales y su riqueza instrumental, algo que Ferro puso de manifiesto a lo largo de toda la exposición de la partitura del compositor ruso.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias