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15 de diciembre 2006 - 00:00

Estupendo trío cierra buen ciclo camarístico

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Concierto de cámara. Trío Ch. Walevska-R.Gíntoli - E. Delgado. (Templo Amijai, 13/12.)

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Como acto de clausura de una temporada brillante, el templo Amijai, programó un concierto extraordinario que sirvió como presentación de un Trío integrado por la violonchelista Christine Walevska, el violinista Rafael Gíntoli y el pianista Eduardo Delgado. La sesión vino a cerrar un ciclo que incluyó más de treinta conciertos organizados por el director artístico de la institución, Eugenio Scavo.

El templo «Amijai» (que significa «Mi pueblo vive») está enclavado en pleno barrio de Belgrano, posee un relieve arquitectónico muy peculiar y bello junto a condiciones acústicas excelentes como se pudo comprobar en este concierto. En él se desarrollan celebraciones religiosas que luego de sus actividades naturales como lugar de oración se destina al arte y a la música.

Dos Tríos de merecida fama (el Op.1, en Do menor, N°3, de Ludwig van Beethoven y el N°1, Op. 49, en Re menor, de Félix Mendelssohn) abrieron y cerraron, respectivamente, esta sesión de cámara de indudable categoría. La intensidad y el dramatismo que surgen del violonchelo de Walevska se conjugan sin tropiezos con la exactitud y el vuelo espiritual del violín de Gíntoli y con la delicada digitación de Delgado en una integración, que si bien es de justo ensamble no reniega de los individualismos. Cada uno a su tiempo pudo exhibir la plasticidad y la personalidad de sus toques dando muestras de virtuosismo y afinación, para más tarde volcarse a un diálogo que permitió no sólo la exposición formal y rigurosa de los dos autores sino también vuelo poético.

El concierto incluyó asimismo «Nigun» (para violonchelo y piano), una obra de exaltación del judaísmo a través de la música como elemento de trascendencia espiritual y un tango milonga («Milontan») dedicado a Walevska, por el compositor argentino José Bragato, presente en la sala. El arte del trío volvió a deslumbrar con una música de corte piazzolliano y fuerte personalidad, donde las dos formas del folklore urbano se sintetizan. Los aplausos hicieron que los músicos «retocaran», como expresó Walevska, la pieza de Bragato.

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