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15 de agosto 2008 - 00:00

Exhiben 80 admirables fotos de Oscar Pintor

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En las bellas fotografías del artista sanjuanino, que se exhiben en el marco del Festival de la Luz, nada es convencional ni artificioso.
Hacia comienzos de los años 60, Oscar Pintor (San Juan, 1941), compró su primera cámara Miranda 35mm para usar la fotografía como ayuda para su vocación que en ese momento era el diseño gráfico. Realiza fotos publicitarias y, entre 1968 y 1976, es director de arte y director creativo en importantes agencias de publicidad de Buenos Aires.

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En 1978 inaugura su primeramuestra individual y comienza a trabajar con el Consejo Argentino de Fotografía. Desde entonces sus viajes por el exterior lo vinculan con grandes maestros y fotógrafos contemporáneos, es asesor de fotografía de diversos centros culturales y, en 1984, junto a otros 12 colegas, funda el Núcleo de Autores Fotográficos.

Poseen obras suyas los museos de Bellas Artes de San Juan y de Buenos Aires, el Gabinete de Fotografía de la Biblioteca Nacional de París, así como diversos museos de EE.UU.

Ahora se exhibe en el Centro Cultural Recoleta, una muestra antológica de Pintor, que en palabras de su curador, Alejandro Montes de Oca, busca "Poner en escena el corpus de una obra que jamás ha sido exhibida en su totalidad, ya que este artista de la generación de los 80 se llamó a silencio durante 10 años". Para ella se han seleccionado 80 fotografías realizadas entre 1979 y 1994, entre las que se encuentran paisajes, muchos de ellos de su provincia natal.

Nada es convencional, desde un interior derruído donde se ven los pastizales más allá del horizonte, la presencia de un gato "admirando" un paisaje barilochense, un caballito de calesita en un nevado parque neoyorkino. Nada hay de artificial en sus imágenes, es fotografía en estado puro, lo sustancial es el contenido y la maestría de los contrastes lumínicos. A medida que se recorre la muestra también se reflexiona sobre frases que Pintor ha seleccionado de escritores como Ionesco, Wilde, Calvino, Goethe, entre otros, que a su vez, revelan la profundidad de su pensamiento.

Si se trata de desnudos, leemos "Lo más profundo del hombre es su piel" (Paul Valéry), que se transmite en el fragmento de un cuerpo femenino en la ducha, "Desnudo y toalla", aquél abrazándose y mimetizándose con una roca en Río Pinto, así como el viril y escultórico torso masculino titulado "Pablo".

Edward Weston dijo que "Sólo con esfuerzo se puede obligar a la cámara a mentir: básicamente es un medio honesto; de modo que el fotógrafo tiene muchas más probabilidades de acercarse a la naturaleza con espíritu inquisitivo, de comunión, que con esa petulancia impertinente de los 'artistas' engreídos". Pintor admira a Weston, por eso su fotografía es directa, creíble.

Los retratos expresan y revelan la interioridad del retratado, carecen de artificios y las escenas nocturnas no pretenden encandilar. Interiores, paredes humildes, descascaradas, un pullover colgado de un alambre de púas, un arco precario de una improvisada cancha de fútbol en la inmensidad de Angualasto (San Juan); sin duda la fotografía es un medio para tratar cosas a las que no se presta atención, allí están estas imágenes carentes de toda extravagancia pero que Pintor nos obliga a "ver". A través de su herramienta, la cámara, y parafraseando a André Kertész, Pintor da razón de todo lo que lo rodea.

Dentro del Festival de la Luz, una muestra altamente recomendable por su concepto estético y la poética de sus bellas fotos. Hasta el 30 de agosto.

  • Silvana Robert

    "Busco contrastes de figuración y abstracción, en el tratamiento de los fondos me permito escribir lo que quiero y dibujar de una manera más expresiva, casi añiñada, lo que nace de mi inconsciente." Así se expresa Silvana Robert, artista de sólida formación en talleres como los de Cristina Santander, Alicia Scavino, Armando Sapia, entre otros.

    Fondos muy elaborados, texturados, a la manera de paredes donde da rienda suelta a sus pensamientos deshilvanados pero que son parte de su biografía que, como la de todos los seres humanos, está plena de alegrías, sinsabores, conflictos existenciales, puntos finales y a otra cosa. Estos son los fragmentos más ricos de esta historia aunque el contraste lo protagonizan sus hijas que han sido siempre sus modelos. Robert las pinta queriendo apresar el aire aniñado de la adolescencia que aún conservan. Otros niños de un pueblo de Holanda donde pasa largas temporadas también protagonizan escenas bucólicas frente al mar o jugando.

    La artista confiesa haber descubierto el tango. Participa de las milongas donde ha captado sus códigos y se pinta con la pasión que le llega de su música y de sus letras que también transcribe entre esos pensamientos íntimos. Robert posee un excelente oficio, quizás en el futuro se atreva a despojar a sus figuras de ese candor que las envuelve. Pero pinta sus vivencias y ellas pertenecen a un mundo sensible, idealizado, que quiere defender a capa y espada.

    Colección Alvear (Av. Alvear 1658). Hasta fin de mes.
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