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21 de octubre 2013 - 00:27

FIBA: hubo calidad, pero faltó el brillo de otras ediciones

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“Interiors”, del inglés Mattew Lenton, deleitó con su poética mirada sobre la fugacidad de la vida.
ún las cifras oficiales- concurrieron al IX Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) tras 17 días de actividad. Del 4 al 20 de octubre se exhibieron 20 espectáculos extranjeros y 36 de artistas locales. La grilla nacional reunió obras de los últimos tres años e incluyó dos estrenos: "SPAM" de Rafael Spregelburd, y una versión paródica de "Rey Lear", dirigida por Emilio García Wehbi.

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La programación internacional fue de calidad y reunió diversos estilos, temáticas y líneas estéticas. Entre los títulos más destacados: "Ein Volksfeind", una vigorosa versión de "Un enemigo del pueblo" de Ibsen, a cargo de la Schaubühne de Berlín, que incluyó un apasionado debate con el público. El italiano Romeo Castellucci provocó reacciones opuestas con su montaje escénico "Sobre el concepto de rostro en el hijo de Dios", en donde un anciano incontinente llora de humillación mientras su hijo lo limpia una y otra vez ante el retrato gigantesco del rostro de Cristo. Muchos se conmovieron ante esta situación; otros, en cambio, denostaron la literalidad de la escena, su pretendida radicalidad y el olor a excrementos (un truco más) que inundó la sala en varios momentos.

Variedad

En la otra punta del espectro, "Interiors", del inglés Mattew Lenton, deleitó con su poética mirada sobre la fugacidad de la vida al exhibir -casi en tiempo real y con relato en off- una comida entre amigos, en la noche más larga del año. El muy cotizado artista plástico y director de escena Jan Fabre reflotó "El poder de la locura teatral" (1984) una "maratón" escénica de cuatro horas veinte de duración que combinó humor, violencia, equilibrio geométrico y caos dionisíaco. Este éxito europeo fue bien recibido por el público y también tuvo sus detractores, quienes lo consideraron "pasado de época".

"32 Rue Vandenbranden", de la compañía Peeping Tom (Bélgica) fue muy aplaudida en virtud de su atractivo dispositivo escénico (un pequeño pueblo aislado por la nieve), sus enigmáticas escenas de origen cinéfilo, sus tragicómicos personajes y una magnífica cantante todo terreno que le dio color a esta pieza de danza-teatro. "III Furie" de la compañía Modjeska Theatre resultó algo despareja con sus ingredientes de talk show, recital rockero, drama brechtiano y sketch cómico; pero se ganó el corazón de la platea al mostrar una Polonia estancada en el pasado y con crisis de identidad.

"Bienvenido a casa" del talentoso director uruguayo Roberto Suárez dejó afuera a centenares de espectadores dada la limitada capacidad de la Sala Cunill Cabanellas. Esta desopilante pieza ("de culto" en Montevideo) requiere de dos espacios, simultáneos e independientes. En el primero conviven un grupo de marginales, sumergidos en la locura y la desolación; mientras que en el segundo (la trastienda del escenario) los actores se muestran ante el público como seres desgarrados y siempre al borde del abismo.

Poco novedosa

La programación internacional no resultó particularmente novedosa, al menos para el público habitué que siempre espera algún espectáculo que lo deslumbre o lo sorprenda como aquellos que engalanaron al FIBA en sus primeras ediciones. Títulos como "Murx" de Christoph Marthaler; "Körper" de Sacha Waltz; el "Arturo Ui" del Berliner ensemble; "Les éphémères" de Ariane Mnouchkine; "The man who..." de Peter Brook o "Noche de reyes" en versión del director inglés Declan Donnellan, difícilmente se olviden. Pero dejando a un lado la nostalgia, merece destacarse, una vez más, la continuidad de un festival que desde 1997 ha sobrevivido a cambios de gobierno (y de dirección artística) y a diversas crisis, económicas e institucionales.

De acuerdo con los datos suministrados por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad, se vendieron 33 mil entradas vendidas: "el 99 % del total disponible, para las 115 funciones programadas en las 27 sedes distribuidas en distintos barrios de la ciudad".

Sin embargo, no todos los espectáculos extranjeros se exhibieron a sala llena. Durante la segunda semana de programación se observaron varias butacas vacías, por ejemplo, en la primera función de "Sobre el concepto..." a la que asistió Soledad Silveyra y otros artistas invitados. La última función de "Diebe", a cargo del Deutsches Theater de Berlín también tuvo sus deserciones. Dos razones posibles: la duración de la obra (tres horas veinte minutos) y el festejo del "día de la madre".

Darío Lopérfido, director artístico de FIBA, destacó lo siguiente: "En un momento -a nivel mundial- en el que los presupuestos para este tipo de festivales se achican por la crisis, el gobierno de la ciudad fue contra esa tendencia y redobló el esfuerzo para que hagamos el FIBA más grande que nunca. Mi reconocimiento por ese hecho y por la libertad absoluta para programar". Resta esperar que en la próxima edición, dentro de dos años, el FIBA siga creciendo.

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