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9 de diciembre 2002 - 00:00

"Filmar es jugar a los vaqueros"

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De la Iglesia (segundo desde la izquierda)

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El Oeste «trucho» de Almería es el escenario de esta historia inclasificable: sería un western moderno tipo «Los inadaptados», sino fuera porque sus personajes son andaluces. Tampoco es una historia de cine dentro del cine, ya que no transcurre en un rodaje, sino en un decadente parque temático para diversión de turistas alemanes y japoneses.

«Esta gente logró la manera perfecta de escaparse de la realidad, y no quieren renunciar a su mundo de ficción», dice el realizador.


Obviamente en la película hay todo tipo de referencias al western spaghetti y esos films rodados en España, empezando por el protagonista,
«Nunca me gustaron esas películas. Recién antes del rodaje volví a ver las de Sergio Leone y las pude apreciar. También me junté con Adolfo Aristarain, que fue asistente de Leone en 'Erase una Vez en el Oeste', y me contó lo intratable que era Charles Bronson. Lo que pasa es que ni esos spaghettis, ni las superproducciones como «El Cid» rodadas en Almería, nos resultaban creíbles cuando las veíamos de chicos. Estabas viendo «El Cid», aparecía Charlton Heston, y todo andaba bastante bien hasta que de golpe reconocías a un actor secundario de 'Curro Jiménez' o algun programa casposo de la TV española y la ilusión se rompía. Por eso la idea no surgió de un interés por el western spaghetti, sino al pensar que estos sitios en Almeria eran perfectos como metáfora de lo que es hacer cine, una fuga permanente de la realidad: nuestros personajes son adultos que eligieron jugar a indios y vaqueros en un pueblo fantasma».

Aunque en el guión


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