Vásquez: «La
base de ‘Los
informantes’ son
las paradojas
que aun con un
gobierno liberal
y sensato, se
dieron en
Colombia
durante la
Segunda
Guerra, como la
de un judío
alemán que
había logrado
huir de
Alemania y fue
recluido, porque
si era alemán
tenía que ser
enemigo».
Al escritor Juan Gabriel Vásquez algunos lo consideran como el colombiano que decidió seguir los pasos de Mario Vargas Llosa, y otros como el más internacional de los nuevos escritores colombianos. Nacido en Bogotá en 1973, luego de recibirse de abogado viajó a París para estudiar literatura latinoamericana en la Sorbona. A fines de 1999, luego de pasarse un año escribiendo en un pueblo de las Ardenas belgas, se instaló definitivamente en Barcelona decidido a dedicarse a la literatura por entero. Lleva publicadas tres novelas y un libro de cuentos. Con «Los informantes», su novela más reciente, alcanzó consagración internacional. Dialogamos con él en una breve nueva visita a Buenos Aires.
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Periodista: ¿Cuándo decidió convertirse en un escritor de tiempo completo?
Juan Gabriel Vásquez: Años después de andar borroneando papeles, jugando con frases, coqueteando con la literatura. Yo estaba estudiando Derecho y decidí terminar la carrera para tener un diploma que me permitiera salir. Luego, viajé a París con una novela a punto de terminar.
P.: ¿La violencia expulsa a los escritores fuera del territorio colombiano?
J.G.V.: Hay casos que es así, pero no en todos. No en los jóvenes escritores. El artista aprendiz que sabe que está en la periferia, lejos de los centros tradicionales de creación cultural y artística, sale a buscarlos. Luego le va a pasar, como en mi caso, que París ya no es el centro de nada, que Nueva York no es centro, que el centro es internet, que hoy ese centro está en muchas partes. Creo que la extraterritorialidad es buena para el novelista. La distancia permite ser tan libremente crítico como uno quiera. Fernando Vallejo no podría decir las cosas que dice si viviera en Colombia, le costaría la vida.
P.: ¿Le pesa como escritor ser del país de García Márquez?
J.G.V.: Para mí es una figura tan admirada y respetada como Homero o Victor Hugo. Un clásico que está vivo, pero que me resulta tan remoto como algunos autores del siglo XIX que aprecio y valoro. Hay un malentendido y es la idea de que la influencia tiene caracter territorial, que si soy colombiano y escribo novelas tengo que tener una relación de parecido o enfrentamiento con el gran escritor de una generación anterior. García Márquez cuando comenzó a escribir buscó sus influencias en Faulkner y en Hemingway, fuera de Colombia. A mí el método de García Márquez no me sirve para describir mi realidad, que es urbana y contemporánea, que no tiene nada que ver con la de «Cien años de soledad».
P.: ¿Por qué se metió con el tema del nazismo en su novela «Los informantes»?
J.G.V.: En Colombia durante la Segunda Guerra Mundial el gobierno, que era por lo demás liberal y sensato, adoptó ciertas leyes contra los ciudadanos que se consideraban enemigos, los alemanes e italianos que tenían vínculos con el nazismo y el fascismo. Eso estaba muy bien, teniendo en cuenta que en Colombia hubo un Partido Nazi. El problema es que se comenzó a perseguir todos los que fueran alemanes o italianos. Se dieron paradojas como la de un judío alemán que había logrado huir de Alemania y fue recluido por alemán, porque si era alemán tenía que ser enemigo. Hubo persecución a culpables y a inocentes. Esa es la base de mi novela.
P.: ¿Cómo encontró el tema de su obra?
J.G.V.: A través de un testigo, charlando hace siete años con una mujer que había llegado a Colombia en 1938 y había vivido todos esos sucesos. Su padre estuvo a punto de ser reclutado como enemigo cuando era un judío que había logrado escapar al Holocausto. A partir de ese relato comencé a buscar testigos y a documentarme de un modo que me permitiera escribir una novela sobre un momento oscuro de mi país. Se me ocurrió que el protagonista debía ser un periodista que viviera el mismo proceso que había vivido yo. El busca documentos y testigos para conocer la verdadera vida de su padre en esa época. Quería que, como me pasó a mí, fuera sacudido por cada descubrimiento. El resultado para mí fue una novela, para mi personaje un revelación terrible, pero el proceso para los dos fue el mismo.
P.: ¿Tuvo propuestas para llevar al cine «Los informantes»?
J.G.V.: Algunas pero es de producción costosa y, además, es una novela construida desde el lenguaje. Si se concretara alguna propuesta pediría que contraten a un guionista al que le pueda decir: haz lo que quieras, porque para mí las mejores adaptaciones, son la que se hacen desde una libertad total, porque cine y literatura son dos medios distintos. «Pantaleón y las visitadoras» es una novela con una técnica absolutamente literaria que no era trasladable al cine, sin embargo la película que se hizo en base al libro de Vargas Llosa resultó muy atractiva. Las películas tienen que ser infieles al libro de donde provienen para que se sostengan como películas.
P.: ¿Por qué se ha dado un boom de la literatura colombiana?
J.G.V.: Sería pecar de romántico adjudicarlo a razones exclusivamente literarias, hay una confluencia de factores: riqueza de gente que está escribiendo, desarrollo de la industria editorial colombiana, renovado interés de la industria editorial española por América Latina como mercado. Por otra parte, se fue constituyendo un público lector. Frente al estado de desorientación que vive el país se buscan respuestas, y la gente -siguiendo una vieja tradición en América Latina- va en busca de lo que piensan los escritores.
P.: ¿En su próxima novela también mezcla historia y política?
J.G.V.: Va a aparecer a comienzos de 2007 y cuento en ella tres historias. Parto de la posibilidad de que Joseph Conrad haya estado en Colombia y que «Nostromo», una de sus novelas, esté basada en nuestra historia, en la separación de Panamá. Cuento esos hechos políticos en clave de parodia, pero hay un fondo histórico que nuevamente me interesa bucear haciendo una mezcla de memoria y fantasía. A mí no me interesa la novela histórica. Kundera dice que hay novelas que examinan la historia para observar cómo los hechos afectan la condición humana, y otras que ofrecen la historia novelada, obras mediocres que tienen como único atributo, no como mérito, realizan alguna forma de entretenida divulgación histórica. A mí me interesa trabajar sobre la historia como algo que nos afecta, que nos marca, aún muchos después de que ocurrieran los hechos. El pasado está muy vivo en países como los nuestros que han tenido una historia reciente muy convulsa.
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