14 de octubre 2008 - 00:00
Gárgano, camino a la categoría de maestro
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Un ejemplo del arte de Germán Gárgano que se expone en Palatina: la exacerbación de la
línea, del color, el carácter barroco, la vitalidad y la angustia a la vez.
En la plural y fragmentaria combinación de figuras ha incorporado citas de películas, pasajes de la literatura o de la historia del arte. En Cine, una tela-pantalla, de 2.00 metros por 2.50 metros, realiza superposiciones, ensamblajes, asociaciones de imágenes del cine y de la pintura, en las que presenta la memoria de nuestro siglo, a la manera de Jean-Luc Godard en su Histoire(s) du Cinema.
Y cita en este óleo y carbonilla una frase sobre lo barroco de Eugenio D'Ors: «El caos está siempre como centinela alerta en las bodegas de la mansión del Cosmos». Otras imágenes remiten a «Los pájaros», de Hitchcock, «La regla del juego» de Jean Renoir, «Intolerancia» de Griffith o, en el caso de pintores, los demonios de las Tentaciones de Grünewald. «Quizás haya sido Pasolini el primero que me abrió imágenes para la pintura. De sus textos literarios y políticos, y su cine, como Saló y su Pasión según San Mateo han sido influencias bien directas y aún lo son», reconoció Gárgano.
La representación no es para él lo fundamental. Gárgano defiende la especificidad de la pintura que para él se vincula con el aspecto físico. La mímesis para él es imposible: «Nunca se podrá llegar atrapar lo inatrapable», ha sostenido. No comparte la fascinación por la ficción producto lo «bien hecho» porque esa actitud elude la relación profunda con la obra, la mirada que moviliza al espectador.
«Cuando nos acercamos y escudriñamos una tela, nos encontramos con nada, en definitiva con que la mirada no persigue otra cosa que la mirada. La imagen bella, sublime o siniestra, no es otra cosa que un descanso, un escalón necesario ante el abismo en el que indefectiblemente estamos», señaló en una entrevista con Liliana Heer.
Ese es el abismo que Gárgano encuentra en la obra del artista noruego Edward Munch, en cuyo Grito habría un grito mudo. Se trataría de un agujero infinito encerrado en la boca pero que se expande en la pintura, como la repetición de las ondas en un lago en el que se arrojó una piedra, como las ondas de un eco sin límites. Gárgano obtuvo en 1991 la Beca Pollock-Krassner de Nueva York, y también ha sido reconocido con premios como el Primer Premio en el Salón Municipal Manuel Belgrano de Pintura (1986), y el Tercer Premio del Salón Nacional de Artes Plásticas (2002).
Desde fines de los ochenta ha presentado sus obras en numerosas exposiciones, entre otras, «Arte por artistas» (1990), Museo de Arte Moderno; «La otra cara», artistas argentinos y alemanes en Kassel (1993); «Arte, Desaparición y Memoria» (1999) y «Arte y Cultura del siglo XX» (2000), en el Centro Cultural Recoleta; en la Galería CDS de Nueva York y en los Premios Aerolíneas.



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