La fotografía tiene la gran posibilidad de conectar obras históricas con interpretaciones contemporáneas, como cuando los mexicanos jugaban a la pelota cerca de las pirámides aztecas, o los primitivos peruanos hacían sus líneas en las terrazas de Nazca. La fotografía no sólo modificó, a mediados del XIX, el carácter del arte, que se alejó entonces de la representación verista para desembocar en el Impresionismo. Así cambió también el carácter de ese nuevo matrimonio de arte y tecnología, nacido exclusivamente como medio de reproducción. En su repertorio del texto acerca de la fotografía en el período de 1816 a 1871 («La Photographie en France», 1989), En 1859, en París, se concedió por primera vez una sala a los fotógrafos aunque por una entrada independiente.
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