17 de noviembre 2005 - 00:00

"Harina": tema triste con enfoque adecuado

Con muy buenos recursos interpretativos, Carolina Tejeda da vida a la protagonista de «Harina», inteligente pieza escrita y dirigida por Román Podolsky que provoca risas y también una suave melancolía.
Con muy buenos recursos interpretativos, Carolina Tejeda da vida a la protagonista de «Harina», inteligente pieza escrita y dirigida por Román Podolsky que provoca risas y también una suave melancolía.
«Harina» de C. Tejeda y R. Podolsky. Dir.: R. Podolsky. Int.: C. Tejeda. Esc. y Vest.: A. Polito. Dis. Ilum.: E. Sirlin. Dis. Sonido y Guitarra: N. Moreno. Vientos: L. Cicconi.

Cuando el tren dejó de pasar muchos pueblos cayeron en el olvido, sin capacidad de reacción ante el súbito aislamiento al que fueron condenados tras el colapso de la red ferroviaria nacional, la que además de liquidar sus economías locales provocó el éxodo de buena parte de sus habitantes.

«Harina»
aborda este tema con un enfoque intimista a través del testimonio de Rosalía, una mujer joven que se resiste a abandonar su pueblo, aferrándose con obsesión a sus pequeñas tareas cotidianas que la mantienen a salvo del amenazante silencio que va invadiendo el lugar. Mientras amasa el pan, va narrando distintas historias relacionadas con su familia y vecinos. Así da vida a una simpática galería de personajes que con sus dichos, travesuras e innegable sabiduría popular van pintando un universo bucólico dominado por seres simples y en armonía con la naturaleza.

El recuerdo de los días felices transforma a Rosalía en una gran conversadora; pero su supuesto interlocutor no es otro que el público. En su afán de mantener a raya al silencio, que delata la ausencia del tren, la mujer muestra sus diapositivas de infancia, trajina por la casa, habla de los secretos del pan, o se acompaña con una vieja copla. Esta dinámica, además de generar una agradable complicidad en la platea, subraya el clima de soledad que rodea a la protagonista.

Con muy buenos recursos interpretativos, Carolina Tejeda logra componer algo más que una ingenua muchacha de pueblo. Los hechos que relata son de una profunda humanidad, mientras que sus silencios denotan una angustia de orden metafísico cuyo sentido último corre por cuenta de cada espectador. Es en los pequeños detalles dondeestá la clave de esta historia. Dirigida por Román Podolsky -coautor de la obra- Tejeda despliega una intensa actividad en escena, donde se aprecia un creativo manejo del espacio y de los objetos. Con un poco de harina la actriz va dibujando en el suelo el antiguo recorrido del tren o es capaz de transformar la masa que tiene entre manos en el lomo de un viejo perro destrozado por la jauría.

La protagonista de «Harina» provoca risas con sus modismos y su dulce tono campero; pero ya sobre el final permite que una suave melancolía descienda sobre la platea.

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