10 de junio 2008 - 00:00

Hundertwasser: libertad en arte y en arquitectura

Bloque de viviendas, «Casa Hundertwasser», ejemplo de la obra del artista vienés homónimo, desarrollada en el eje del arte, la arquitectura y el medio ambiente.
Bloque de viviendas, «Casa Hundertwasser», ejemplo de la obra del artista vienés homónimo, desarrollada en el eje del arte, la arquitectura y el medio ambiente.
"El arte por el arte es una aberración, la arquitectura por la arquitectura es un crimen", sostuvo el artista austríaco Hundertwasser (1928-2000), quien desde fines de los años sesenta afianzó su proyección internacional. El reconocimiento de su trayectoria se consolidó definitivamente cuando Joram Harel organizó la exposición «Austria presenta a Hundertwasser en los cinco continentes», itinerante entre 1975 y 1983.

Su obra, desarrollada en el eje del arte, la arquitectura y el medio ambiente, cuestiona todo tipo de contaminación: desde la polución y la destrucción del patrimonio natural hasta el riesgo nuclear.

Nacido en Viena, donde hasta-1936 concurrió al colegio Montessori, y luego estudió por un breve período en la Facultad de Bellas Artes. En los tiempos en que Austria había sido anexada al III Reich, su particularidad de ser hijo único de madre judía y padre cristiano (muerto cuando Hundertwasser tenía un año), le permite sobrevivir junto a su madre, pero el resto de su familia materna fue exterminada por los nazis.

Su nombre verdadero era Friedrich Stowasser. En lenguas eslavas Sto significa cien, que además podría provenir de Stauwasser que en alemán es agua retenida. Por ello, aunque germanizó su apellido como Hundertwasser, de todos modos se centró en el vocablo agua elevada a cien. Luego transformó Friederich en Friedensreic -reino de paz-, y se agregó el nombre Regentag, día de lluvia: la paz y la lluvia como dos estados de gracia.

En 1968 había comprado en Sicilia el viejo velero de madera «San Giuseppe T», con el que viajó a Venecia. Tras restaurarlo le puso un nuevo nombre «Regentag» (Día de lluvia). Vivió y trabajó en él entre 1968 y 1972 también para navegar por las costas del Adriático. Acorde con sus convicciones naturistas, publicó su manifiesto «Tu derecho a la ventana - tu deber al árbol», que luego continuó con una serie de acciones como Inquilino albero, El aseo del humus, y el manifiesto «La santa mierda», que remitía al círculo que se cierra y deja de haber desechos. La higiene naturista lo condujo a la revelación de la alquimia de la materia.

A partir de 1976, Kauriui Valley, en Nueva Zelanda, fue su segunda residencia, con una estancia anual durante la mitad del año. Al año siguiente, viajó al Amazonas. Luego diseñó una serie de estampillas postales para Senegal, donde había sido invitado por el presidente Léopold Sédar Sehghor; y expuso «Hundertwasser pinta» en la Galería Aberbach de Nueva York.

Apoyó la campaña ecológica de Ralph Nader y lo declaró en varios discursos, uno en el Senado de los Estados Unidos. Cuando en 1980 plantó los doce primeros árboles en Judiciary Square, Marion Barry alcalde de Washington proclamó el «Día de Hundertwasser». En ese mismo año se presentó en Viena la maqueta de Casa de Hundertwasser y, desde entonces, comenzó a incluir modelos de arquitectura en sus muestras itinerantes.

Su proyecto de fusionar el arte y la vida plantea una postura ambientalista y sostiene la armonía del hombre con la naturaleza, expresada en sus diseños arquitectónicos con formas biomórficas y sus pinturas con espirales, entendidas como vía simbólica hacia un espacio sagrado.

Recurrió por primera vez a este símbolo en 1953, en el taller de René Brô, para manifestar su singular visión del mundo según la cual planteó niveles de conciencia sucesivos, «tres pieles»: su epidermis natural, su ropa y su casa. En su discurso «Al desnudo» de 1968, declaró que el hombre tiene derecho a su tercera piel, es decir, su casa y de ese modo cumplir el ciclo completo de la espiral. Años más tarde, postulará la cuarta piel: el entorno social, que incluye desde la familia y las amistades hasta la nación; y la quinta que es la planetaria, comprende la corteza terrestre, el aire y la biósfera, esta última piel es la que orienta su reflexión ecológica.

En cuanto a la segunda piel, denuncia la tiranía de las modas, los males de la simetría y la uniformidad que restringen la libertad creativa. El artista realizó singulares atuendos de uso personal, diseñó su propia ropa con trozos de tejidos y confeccionó sus zapatos. Una de sus ideas fue la reversibilidad de las prendas.

En este nivel también se interesó por las banderas como símbolos de identidad que interconecta la conciencia individual y la nacional. Diseñó la Bandera de la paz en Oriente Próximo, para la Bienal de Venecia 1978. Realizó también un proyecto de bandera para Nueva Zelanda en 1983, y tres años más tarde, otro para Australia. Sus manifiestos plantean que el arte conduce a la belleza que expresa la armonía del mundo y a la felicidad de los hombres.

  • Otra piel

    La casa del hombre es para Hundertwasser su tercera piel. En su discurso sobre el color en la arquitectura sostuvo que la naturaleza tiene esencialmente dos colores: el verde de la vegetación y el negro o marrón de la tierra. Consideró que la pinturade la casa debe priorizar los colores naturales (carbón de madera, tierra, ladrillo, arcilla, cal). «Cuando permitamos que la naturaleza vuelva a pintar las paredes, entonces serán humanas y podremos empezar una nueva vida», escribió Hundertwasser, que se consideró un «médico, especialista en rediseño de viviendas enfermas».

    Oponiéndose a la arquitectura racionalista, toma partido por el valor decorativo de la arquitectura y reivindica el derecho al diseño individual de la fachada de su casa. Los llamados Hundertwasserhaus, viviendas sociales económicas en Viena, tienen pisos ondulantes, techo con tierra y vegetación y habitaciones con árboles. Inspirada en sus ideas sobre el hábitat, la Casa Hundertwasser se caracteriza por el alineamiento irregular de las ventanas, el colorido abigarrado, la integración espacial de los árboles, las torres con cúpula bulbosa.

    Realizó tres categorías de obras: los llamados «diseños exteriores» son intervenciones sobre fachadas, como en la fábrica Rosenthal (1982), en Selb, entre otras, y la más destacada, la central térmica de la ciudad de Viena, en Spittelau (1992), en la que transformó numerosos volúmenes industriales en una «mezquitapalacio».

    Los «rediseños» son proyectos que, además de la fachada, incluyen renovación de espacios interiores, entre ellos, la Iglesia de Santa Bárbara en BTMrnbach, Estiria (1988). Desarrolló también proyectos nuevos, como In den Wiese (En los prados), Bad Soden del Taunus, 1993, son diecisiete departamentos en medio del verde de los prados que los circundan.

    En cuanto a los encargos del Ayuntamiento al artista, el recientemente fallecido y singular crítico Pierre Restany escribió: «Los representantes locales, sensibilizados tanto con su pintura como con sus enunciados teóricos, ofrecen a Hundertwasser la posibilidad de hacer realidad su utopía. El poder político se dirige a él porque se ha decidido a apostar por el poder del arte. El hecho de edificar al estilo Hundertwasser imprime los caracteres específicos de su creatividad en el tejido urbano que se le confía».

    A cuarenta kilómetros del centro de San Luis, la casa diseñada por el pintor y gobernador Alberto Rodríguez Saa, estuvo inspirada indiscutiblemente en la estética de Hundertwasser.
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