En sus cartas y poemas (algunos de ellos muy impactantes) explica minuciosamente su condición de «cerebro sin cuerpo», a la que él mismo define como una forma de esclavitud. «Sobrevivir así me causa una gran vergüenza y, por lo tanto, una gran humillación», afirma Simple, directo y apasionado su discurso alcanza ribetes filosóficos nada desdeñables que trascienden el tema de la eutanasia. De todas maneras, se hace muy difícil no respetar la decisión de este hombre que consideraba un absurdo «aceptar la apariencia de persona cuando no se es más que una cabeza.»
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