20 de octubre 2008 - 00:00
"Internet y los videoclips cambiaron la forma de ver"
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Andrés Morté se define como un «agitador cultural», y afirma
que hoy percibimos de otra forma que hace 10 años, y
que eso debe tenerlo en cuenta el director de teatro.
P.: En estos momentos le interesa el cruce entre cine y teatro.
A.M.: Así es, y no sólo por la utilización del primer plano que permite acercar al público la gestualidad de los actores, sino por la utilización del tempo narrativo. Hoy estamos acostumbrados a procesar más imágenes por minuto que hace diez años. Tanto Internet como los videoclips han alterado nuestra relación con el texto y eso es algo que conviene tener en cuenta para no perder público.
P.: Las feministas veneran a Sylvia Plath como si se tratase de una mártir cristiana, víctima de un marido infiel (el poeta inglés Ted Hughes), quien además cometió el sacrilegio de destruir el último tomo de sus diarios.
A.M.: «Bastardas» no es una obra feminista sino de género. Porque Plath era una escritora que escribía desde su esencia de mujer, de mujer que procrea, que se enamora de un señor que le roba las poesías y que, inclusive desde su posición social, era mucho más débil que su marido. Es un espectáculo bien de mujeres, de mujeres en su máximo esplendor. Yo presento una Sylvia Plath muy fragmentada y utilizo su poesía para armar una especie de cosmos, donde el interés está puesto en el uso de la cámara, la música, el tiempo. El espectador va ir sumando las distintas facetas de la protagonista como a través de un calidoscopio. Además, la poesía de Plath es muy musical, lo percibí claramente cuando la leí por primera vez, en italiano.
P.: Es curioso que resalte ese rasgo de la autora, cuando todo el mundo destaca su fascinación con la muerte.
A.M.: El espectáculo no hace hincapié en eso, se aleja de todo psicologismo. Hay momentos duros y el tema del suicidio está presente, pero entre las actrices hay juego y un guiño algo perverso. Ellas están sentadas junto a una gran mesa, de unos ocho metros de largo, en medio del público, y sobre el final comparten con él un momento de celebración. Los textos de Plath generan una tensión muy fuerte. Son como impulsos salvajes que en determinado momento concentran una gran cantidad de significados y significantes. Yo diría que en esos 25 momentos poéticos hay 25 momentos de luz. No son poemas depresivos porque el suicidio no es su objetivo final. Hay poetas que no se han suicidado y que son más « depresivos» que Sylvia Plath. Sus imágenes y metáforas son muy luminosas, también son duras y lacerantes e incluso provocadoras, pero nunca apocadas. Al contrario, tienen mucha fuerza. Un poema suyo dicho por una actriz es como una piedra en el corazón.
Entrevista de Patricia Espinosa




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