20 de octubre 2008 - 00:00

"Internet y los videoclips cambiaron la forma de ver"

Andrés Morté se define como un «agitador cultural», y afirmaque hoy percibimos de otra forma que hace 10 años, yque eso debe tenerlo en cuenta el director de teatro.
Andrés Morté se define como un «agitador cultural», y afirma que hoy percibimos de otra forma que hace 10 años, y que eso debe tenerlo en cuenta el director de teatro.
"Si Sylvia Plath estuviera viva, seguro que en este momento estaría escribiendo letras para algún grupo musical". Así lo afirma el director español Andrés Morté, cineasta, productor de documentales, gestor cultural, docente universitario y autor de «Bastardas» (Barcelona, 2006), obra de teatro audiovisual que recorre a través de seis actrices y una cámara de video las distintas facetas de esta gran poeta norteamericana, a la que muchos comparan (por talento y voluntad suicida) con nuestra Alejandra Pizarnik).

Creado a base de textos y poemas de la mencionada autora, el espectáculo utiliza una ecléctica banda musical que sólo incluye a intérpretes femeninas (entre ellas, Françoise Hardy, Marianne Faithful y Lisa Marie Presley). Esta nueva versión -con elenco argentino y dirección actoral de Esteban Mihalik- se conocerá mañana en el espacio Uniclub (Guardia Vieja 3360). Morté es también asesor en diferentes programas culturales de ámbito internacional. Dirigió el Mercat de les flors de Barcelona en dos períodos diferentes y, antes de eso, intervino en la creación de la compañía catalana La Fura dels Baus. Actualmente es consejero de la Fundación Fabbrica Europa para las Artes contemporáneas, uno de los festivales más famosos de Italia.

Periodista: Son demasiadas actividades ¿Cómo deberíamos presentarlo?

Andrés Morté: Como agitador cultural, así es como me presentan en Barcelona. Suena gracioso, pero es verdad, yo siempre «agito». Es decir, genero procesos ya sea de creación o de gestión que impulsen a nuevos creadores e incorporen nuevos lenguajes y nuevas técnicas. Siempre defendí la creación más indómita.

P.: ¿Por qué se alejó de La Fura del Baus?

A.M.: A mí me convocaron para escribir los textos y organizar el material. Pero después de «Accions» (un espectáculo de gran violencia física, donde se destrozaba un vehículo a hachazos) y de «Suz o Suz», quedé agotado. Estar con ellos, que eran igual de intensos fuera del escenario, me consumía demasiada energía y así que preferí cambiar de rumbo. Igual, yo siempre estoy buscando algo diferente, cada cuatro o cinco años. Y justo en ese momento me convocó la municipalidad de Barcelona para dirigir el Mercat de les flors, y allí le di un vuelco a la programación incorporando una línea de espectáculos vanguardistas.

P.: En estos momentos le interesa el cruce entre cine y teatro.

A.M.: Así es, y no sólo por la utilización del primer plano que permite acercar al público la gestualidad de los actores, sino por la utilización del tempo narrativo. Hoy estamos acostumbrados a procesar más imágenes por minuto que hace diez años. Tanto Internet como los videoclips han alterado nuestra relación con el texto y eso es algo que conviene tener en cuenta para no perder público.

P.: Las feministas veneran a Sylvia Plath como si se tratase de una mártir cristiana, víctima de un marido infiel (el poeta inglés Ted Hughes), quien además cometió el sacrilegio de destruir el último tomo de sus diarios.

A.M.: «Bastardas» no es una obra feminista sino de género. Porque Plath era una escritora que escribía desde su esencia de mujer, de mujer que procrea, que se enamora de un señor que le roba las poesías y que, inclusive desde su posición social, era mucho más débil que su marido. Es un espectáculo bien de mujeres, de mujeres en su máximo esplendor. Yo presento una Sylvia Plath muy fragmentada y utilizo su poesía para armar una especie de cosmos, donde el interés está puesto en el uso de la cámara, la música, el tiempo. El espectador va ir sumando las distintas facetas de la protagonista como a través de un calidoscopio. Además, la poesía de Plath es muy musical, lo percibí claramente cuando la leí por primera vez, en italiano.

P.: Es curioso que resalte ese rasgo de la autora, cuando todo el mundo destaca su fascinación con la muerte.

A.M.: El espectáculo no hace hincapié en eso, se aleja de todo psicologismo. Hay momentos duros y el tema del suicidio está presente, pero entre las actrices hay juego y un guiño algo perverso. Ellas están sentadas junto a una gran mesa, de unos ocho metros de largo, en medio del público, y sobre el final comparten con él un momento de celebración. Los textos de Plath generan una tensión muy fuerte. Son como impulsos salvajes que en determinado momento concentran una gran cantidad de significados y significantes. Yo diría que en esos 25 momentos poéticos hay 25 momentos de luz. No son poemas depresivos porque el suicidio no es su objetivo final. Hay poetas que no se han suicidado y que son más « depresivos» que Sylvia Plath. Sus imágenes y metáforas son muy luminosas, también son duras y lacerantes e incluso provocadoras, pero nunca apocadas. Al contrario, tienen mucha fuerza. Un poema suyo dicho por una actriz es como una piedra en el corazón.

Entrevista de Patricia Espinosa

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