Irregular remake de una comedia social

Espectáculos

«Las locuras de Dick y Jane» («Fun with Dick and Jane», EE.UU., 2005, habl. en ingl. y esp.); Dir.: D. Parisot; Guión: J. Agatow, N. Stoller, P. Tollan; Int.: J. Carrey, T. Leoni, A. Baldwin, R. Jenkins, G. Garayua, M. Arthur, A. Furth.

Dick y Jane viven casi tan bien como sus vecinos en una casita de más de medio millón de dólares, trabajan duro para progresar en los negocios, mientras al hijo prácticamente lo va criando la doméstica, tanto que por poco el chico ya habla más español que inglés. Pero hoy la meta se encuentra al alcance de las manos: Dick ascenderá a vicepresidente de la empresa en que trabaja y de la cual es accionista (en eso invierten todos sus ahorros), Jane ya puede renunciar a su empleo y dedicarse al hogar, la vida canta, los pajaritos cantan, y el gerente general de la empresa hace lo que se le canta.

Sorpresa, hubo una estafa, hay un escándalo financiero, no habrá más empresa.

Desocupados, con los ahorros perdidos, nuestros personajes advierten ahora lo difícil que es hallar un buen aviso pidiendo ejecutivo en los clasificados del diario. Y más difícil todavía, mantener la casita, el tren de vida, y las amistades, que desaparecen cuando a uno lo ven en la mala. Honradamente, no se puede. A menos que la solución no pase por la honradez. Algún ejemplo positivo tenía que darles, el señor gerente.

Con una primera parte de sátira social, y una segunda, más intensa, de humor físico (un campo donde
Jim Carrey gusta jugar sin limitaciones), «Las locuras de Dick y Jane» es la versión actualizada de una de esas comedias «antisistema» que hacían los jóvenes del propio «Sistema» en los '70, y que aquí se llamó «No robarás, a menos que sea necesario», basada en la novela de Gerald Gaiser «Fun with Dick and Jane». También Jane se llamaba la protagonista, la entonces popularísima Jane Fonda, ahí acompañada por George Segal («Un toque de distinción») y dirigida por Ted Kotcheff, cineasta joven que empezó criticando a la sociedad y terminó produciendo la serie televisiva «Law & Order».

Aquel film de 1977 (que se editó pocos meses atrás en DVD) era algo bastante menos light que la actual, y que Jane Fonda brillaba como un sol. Bueno, Tea Leoni también es un sol. Y Carrey sigue siendo un astro del «slapstick», aunque sus recursos parezcan reiterados, y no siempre bien aprovechados por el director (que viene de la televisión). Detalle amable: en los agradecimientos finales figuran Ken Lay, de la «tristemente célebre» empresa Enron, y otros colegas suyos de la vida real. Faltaba más.

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