19 de septiembre 2007 - 00:00

Jazz carioca en cello: la invención de Morelenbaum

Jacques Morelenbaum: «Antes tenía misdudas, pero ahora sí me considero un músicopopular».
Jacques Morelenbaum: «Antes tenía mis dudas, pero ahora sí me considero un músico popular».
"La idea es trabajar sobre la misma línea de los últimos conciertos que hicimos en Buenos Aires para el festival de jazz. Me presentaré con mi trío -con el guitarrista Lula Galvao y el percusionista Rafael Barata- con un repertorio que incluirá temas de Caetano Veloso, Tom Jobim, Joao Gilberto, Egberto Gismonti, algunos míos y también canciones más antiguas" dice Jacques Morelenbaum, 53 años, cellista, compositor, arreglador y director de orquesta carioca proveniente de una familia de músicos.

Los conciertos de los que habla son los que está haciendo desde ayer y hasta el próximo viernes en Notorious, como parte de los festejos por el 10º aniversario del club de jazz. Pero también participará mañana de una charla gratuita con músicos argentinos en el edificio de la Dirección de Música porteña, en Alsina 967.

Morelenbaum inició su carrera musical como integrante del grupo «A Barca do Sol», participó de la Banda Nova junto a Antonio Carlos Jobim, se formó en Brasil y en el New England Conservatory of Music, integró el Quarteto Jobim Morelenbaum, fue arreglador de grandes figuras -fundamentalmente, Caetano y Jobim, pero también Gal Costa, Ivan Lins, Barao Vermelho, Skank, su esposa Paula Morelenbaum, Marisa Monte, Carlinhos Brown, Madredeus, Ryuichi Sakamoto, Dulce Pontes, Titas, etc.-; grabó «Piazzollando», dedicado a la música del bandoneonista argentino, compuso y dirigió música para orquesta y es autor de muchas bandas de sonido para cine.

Periodista: En los últimos tiempos, usted viene trabajando con la música de grandes autores de Brasil, pero siempre reconocidos. ¿Es que la música actual no está a la misma altura?

Jacques Morelenbaum: Seguramente existen grandes autores en el presente; pero no lo sabemos. Recordemos que cuando Jobim debutó en el Carnegie Hall, a mediados de los '60, era apenas un artista de minorías. En general, la sociedad cultural y los medios necesitan un tiempo para conocer a los nuevos autores y para aceptar su valor. Por eso, no tengo una preocupación especial en ese sentido.

P.: ¿En medio de tantas experiencias distintas, qué ha significado trabajar con Caetano Veloso?

J.M.: Es un artista que siempre admiré y jamás podía imaginar que alguna vez tendría la suerte de trabajar con él. Trabajar con Caetano es muy fácil y muy estimulante. Es alguien que tiene ideas claras y buenas. Es un artista brillante en todos los aspectos. Y es de los que transmiten muy claramente lo que quieren -en la instrumentación, en los coloridos- pero que a la vez da una libertad muy grande a su arreglador.

P.: ¿Está más alejado actualmente del terreno de la música culta?

J.M.: Este año no he hecho nada en ese terreno. El año pasado sí hice tres conciertos sinfónicos, con obras de Villa Lobos, Jobim y Gismonti.

P.: ¿Se siente un músico popular?

J.M.:
Hasta no hace mucho, a esa pregunta contestaba que me sentía «un músico», sin más. Pero lo cierto es que a través de mi trabajo con artistas como Caetano, Jobim, Sakamoto y otros, me fui haciendo más conocido en el ámbito de lo popular. Honestamente, no creo que existan las fronteras que se ponen entre las músicas; de hecho, los músicos populares han bebido siempre de la música erudita o de la étnica, y los músicos eruditos se han inspirado en los géneros populares. Pero, resumiendo, diría que ahora sí me reconozco mucho más como un músico popular.

P.: ¿De qué se tratará esa clínica que brindará para los músicos argentinos?

J.M.: Eso se dio a partir de una invitación que me hizo un cellista argentino. Y le aclaré que yo no soy profesor; nunca he dado clases y por lo tanto no tengo desarrollado el aspecto docente. De modo que se tratará más de una charla, donde contestaré preguntas y donde intentaré transmitir algunas experiencias.

Entrevista de Ricardo Salton

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