Desde los lejanos tiempos de Willis O'Brien y Ray Harryhausen, los efectos especiales han acompañado esa magia que sólo el cine es capaz de dar. También es cierto que han sido los desafíos del guión los que han hecho evolucionar esa industria paralela, y «Jurassic Park», a comienzos de los '90, fue justamente eso, proponiendo la creación de auténticos dinosaurios que interactuaran con los actores, y que le permitieran a los espectadores suspender su incredulidad.
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Esta edición en DVD que acaba de aparecer no sólo permite disfrutar las tres películas -las dos primeras dirigidas por Steven Spielberg y la última por Joe Johnston- insertadas en este arco temático, sino que además aporta un cuarto disco con material extra más que esclarecedor. La saga se desarrolla dentro de las temáticas que son habituales y reiteradas en Spielberg, con los valores de la familia a la cabeza. Sin embargo, hay en las dos primeras entregas una clara apelación a la humildad, a que el hombre desista de enfrentar a las fuerzas de la naturaleza que están más allá de su control, aunque la ciencia y su velocidad sostengan lo contrario.
En un diálogo de Jurassic Park, el personaje interpretado por Sam Neill sostiene que el hombre y los dinosaurios están separados por 65 millones de años de evolución y que nadie puede tener la menor idea de lo que esa interacción puede producir. La «magia» detrás de la manipulación genética necesaria para dar vida a las creaciones del parque ignora la imposibilidad humana de controlar las infinitas variables que componen el mundo natural. Indudablemente, más de una década después del estreno de la película, el rugido del T-Rex sigue siendo tan estremecedor como la primera vez. H.M.
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