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24 de octubre 2006 - 00:00

La Filarmónica celebró los 60 con buen recital

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Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: A. Diemecke. En programa: obras de Strauss, Britten y Ravel. (Teatro Colón.)

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La finalización del ciclo de conciertos de abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires coincidió con la celebración del 60° aniversario de su creación. En el Teatro Colón fueron homenajeados, sucesivamente, uno de los músicos fundadores, el más antiguo de la actual formación, y también el más nuevo de ellos.

En un clima de fiesta, la orquesta mostró su estado actual de rendimiento sinfónico. La titularidad la ejerce el carismático Arturo Diemecke. El concierto se inició con una visceral versión de «Don Juan», de Richard Strauss. La justeza de la batuta de Diemecke logró un momento trascendente con la mediación del estupendo poema sinfónico. Todos los sectores de la orquesta respondieron con precisión, sin pifias y con vuelo poético.

El «Doble Concierto para violín y viola en Si menor» de Benjamín Britten quizá no sea la obra más significativa del compositor inglés pero posee momentos expresivos, como el «Allegro» final. Tuvo dos brillantes solistas en Haydée Seibert en violín y Alexandre Iakovlev en viola, que pusieron la nota virtuosística a la noche.

La parte final de la sesión aunó cuatro obras breves de Maurice Ravel. «Alborada del gracioso», «Rapsodia Española», «Pavana para una infanta difunta» y «Bolero». El mismo Diemecke pidió al auditorio que no aplaudiera entre las pausas entre una y otra para crear el clima adecuado, para que ellas respiraran sin la irrupción de los aplausos. Como si fuera una hermosísima sinfonía en cuatro movimientos, la fusión de la obras ravelianas mostró la capacidad de Diemecke, un maestro que asombró en más de una ocasión durante esta temporada con muestras de su sensibilidad y pericia, y no sólo por su memoria prodigiosa que le da la posibilidad de conducir Wagner, Strauss, Mahler o Dvorak (sólo por citar algunos de los compositores que él suele abordar en sus conciertos), sin partitura a la vista.

Su poder de comunicación, su interacción con el público se manifiesta en atmósferas sutiles, que no son tan habituales en los conciertos del Colón. La trabajada sonoridad de la Filarmónica lograda con tiempo y esfuerzo tendrá que esperar más de un año para ser puesta de manifiesto una vez más en el ámbito acústico que más le conviene. Después de mayo de 2008 habrá que recomenzar.

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