Lo más seguro es que Gene Krupa, Kelly, Chambers y Mobley nunca hayan tocado juntos una noche en el París de 1956. Algunos de ellos actuaron allí, y grabaron, pero en otras fechas. No importa, en “Hombre muerto”, un ingeniero se solaza escuchando el disco de esa supuesta noche.
Él vive en una casa que parece un oasis, cómoda, llena de libros. A su alrededor todo es desierto, arbustos ralos. Más allá hay un pueblito ínfimo y del otro lado una mina de azufre abandonada que le pertenece. Un día la cerró, y tiene sus razones morales para haberlo hecho.
Los lugareños no registran esas razones, y cuando alguien ofrece plata para sacárselo de encima de un tiro enseguida se entusiasman. Hasta en la capilla, y delante del cura, hacen apuestas para ver cuándo lo verán finado. Pero el sujeto al que suponen encargado de matarlo todavía lo está pensando. Él también tiene sus razones morales.
La primera impresión, cuando lo vemos cirujeando mal entrazado, es que ese sujeto es el loco del pueblo, nada más que eso. Sin embargo, tiene algo en la cabeza, y es buen narrador de sueños y fábulas, una virtud que casi nadie le conoce. En verdad, nadie lo conoce bien, ni siquiera su mujer, una jovencita embarazada que, eso sí, lo que sabe se lo dice enojada: “¡no puede ser que te deprimas cada vez que te ofrecen trabajo!”
Esos son los personajes principales de esta historia de elogiable fotografía y, lamentablemente, torpe desarrollo. Solo en su último tercio las cosas se enderezan, se ponen interesantes, y alcanzan la estatura de un buen cuento con moraleja sobre el alma humana, el hombre-masa, y el pequeño superhombre que no se hizo entender. Por ahí va lo mejor, y se encuentra el sentido y también la pena. Los hechos, a juzgar por un diario que alguien ha colgado, transcurren a fines de 1983, pero también podrían pasar en estos tiempos.
Protagonistas, Osvaldo Laport y Diego Velázquez, respectivamente el estrafalario y el ingeniero solitario, secundados por Roly Serrano, Yani Campos, Daniel Valenzuela y Sebastián Francini, Fotografía, Alejo Maglio. Tema musical, Sergio Cruz y Quinteto Barcelona (que tampoco es de Barcelona, y menos de Paris, sino de por acá nomás, pero logra un buen jazz). Locaciones, otro quinteto: Patquía, Los Colorados, Amani, Chilecito, Chepes, puro calor riojano.
“Hombre muerto” (Argentina, 2024); Dir.: Andrés Tambornino y Alejandro Cruz. Int.: Osvaldo Laport, Diego Velázquez, Roly Serrano, Yanina Campos.
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