15 de febrero 2002 - 00:00

La Patagonia sigue inspirando a Sorín

Carlos Sorín
Carlos Sorín
(15/02/2002) S e confirma lo anticipado en estas páginas: «Historias mínimas», la película que iba a presentar Carlos Sorin en el próximo Festival Internacional de Mar del Plata, no podrá llegar a tiempo...por un mínimo bastante largo.

P.: ¿Es una cuestión de créditos suspendidos?


Carlos Sorín:
No, no, nunca pedí crédito para esta película. Cuando decidí hacerla, el INCAA no tenía plata, no daba nada. Y como yo tenía unos fondos, que podían alcanzarme hasta el primer armado, y pienso que el cine va a tener que afirmarse todo lo posible por sus propios medios, me largué solo, con mi empresa Guacamole Films, creada, precisamente, para los sueños de largometrajes como éste. Supuse que el resto lo completaría después, gracias a nuevos trabajos publicitarios...

P.: Que usted toma a través de Carlos Sorín Producciones y El Bagre Films.

C.S.:
Con el cual estoy asociado, para publicitarios. Pero, con la crisis, se nos redujo la actividad. Apelé entonces a un adelanto del llamado subsidio por medios electrónicos, previsto por la Ley de Cine. El adelanto quedó firmado, pero, a causa de los problemas conocidos, el asunto era cobrarlo. De todos modos, con esas demoras, hoy el problema ya no es de dinero, sino de tiempo. Necesito ocho semanas para hacer debidamente la postproducción de sonido. ¡Y el festival empieza dentro de tres semanas! La imagen ya está lista, la exhibo en mi estudio, pasando de una computadora a una pantalla de plasma grande.

P.: ¿Pero tanto tiempo?

C.S.: Le explico. Filmé en la meseta patagónica, una comedia de gente simple, muy simple, con actores no profesionales, y sonido directo. Y por suerte nos tocó poco viento. Los profesionales saben cómo emitir la voz. Los no profesionales la emiten de otra manera, y eso dificulta el trabajo, porque si después no se entiende lo que dicen, la escena ya no sirve. Pero ahí reside la apuesta, precisamente: trabajar con la sutileza de matices, la musicalidad de los diversos acentos, de la gente real que vive en esas lejanías. Quiero que el público detecte la verdad que hay en esas voces. Todo esto empezó a raíz de una película «telefónica» que hice...

P.: ¿El aviso del paisano hablando por teléfono?


C.S.:
Todos lo recuerdan. Yo me preguntaba ¿qué pasó con este hombre, que pegó tanto? Porque avisos humorísticos, chistes, hay muchísimos. Yo creo que pegó, porque el público percibió algo de verdad, dentro del ambiente de plástico del cine publicitario. Le cuento, de paso, que ese mismo paisano también va a estar en mi película.

P.: Entonces ya es medio profesional.


C.S.:
Yo diría que tengo dos profesionales y medio, porque, aparte de él, hay otros con cierta experiencia como actores locales. Bueno, eso de locales, es relativo. Usted ahí va a encontrar correntinos, tucumanos, catamarqueños, santiagueños, mucha gente del norte, trabajando allá en el sur, en lo que todavía se pueda: petróleo, comercio, alguna cosa. Cada vez hay menos oveja, menos gente, menos de todo. Y ellos están -al menos mentalmente-de paso. Aunque ya sean de segunda generación en el lugar, y no tengan a dónde ir, siempre están planeando irse. Tanto los «vyq», venidos y quedados, como los «nyc», nacidos y criados. Aman la Patagonia, pero...

Ambientación

P.: Usted también la ama. Todos sus largos se ambientan allí.

C.S.:
Es cierto. «La película del rey», que fue mi primer largo, y «Sonrisas de New Jersey» (que en cable también se pasa como «El dentista») los filmé en Chubut. Ahora, con «Historias mínimas», fui un poco más abajo, a Santa Cruz. Pero siempre el mismo paisaje: la meseta. Nada de montañas, ni de lagos.

P.: Parece hasta una metáfora.


C.S.:
Ya le dije. Es una comedia de gente muy simple, que se siente de paso en medio de la nada. Pero no diría que muestra hechos reales, sino una mezcla. Hicimos el libro, encontramos los intérpretes, y sobre esos intérpretes cambiamos el libro. La gente es real, y vive su realidad. Yo decía «corten», y todo seguía igual. Esa verdad, yo espero que el público la advierta.

P.: ¿Pero cuándo?

C.S.:
Seguimos con la fecha de estreno prevista para mayo. Antes podría mandar un «work in progress» a Mar del Plata (ya mostré algo así en el festival de Tolouse), pero a esta altura prefiero esperar un poco y mostrar la película ya terminada.

P.: ¿Quién la termina?

C.S.:
El sonido, Abatte-Díaz. La música, Nicolás Sorin, mi hijo, que vive en Estados Unidos. Ya grabamos en Nueva York, con los últimos dólares que pude sacar. Ahora estoy viendo si me aceptan unos bonos, para la mezcla.

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