A veces, la sola ausencia de un acento conduce a la fatalidad, como aquél que dijo necesitar una secretaria con «ingles» en vez de con inglés. Otras veces, la errata le cuesta el empleo a su responsable, como cuenta el novelista argentino También fue embarazosa la situación de un crítico que dedicó un libro suyo a una condesa escribiendo al inicio de la obra que su
Las erratas no respetan ni los títulos de los libros, así
Algunas veces las erratas parece que se reprodujeran entre sí, como un libro de poemas del mexicano
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