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19 de agosto 2008 - 00:00

Lechner: el jazz entre dos mundos

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Federico Lechner: «El público madrileño suele preferir divertirse y pasarla bien con sonidos conocidos que atreverse a escuchar un jazz más vanguardista».
Federico Lechner se estableció con su familia, en Madrid, cuando tenía apenas diez años de edad. Si bien ya venía estudiando piano en su Buenos Aires natal, junto con su madre, fue en Europa donde sus estudios se hicieron más formales y se transformó en un músico profesional. Nacido hace 34 años y ligado desde siempre al jazz, Lechner ha trabajado, sin embargo, con un abanico muy amplio de cantantes y músicos de los más diversos géneros, como Los Toreros Muertos, Miguel Ríos, Ariel Rot, Javier Krahe, Pablo Carbonell, Ismael Serrano, Sergio Makaroff o Javier Ruibal. En el cine español, participó con Lucio Godoy en la banda de sonido del film ganador del Goya «Los lunes al sol» (2001).

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También compartió escenarios o grabaciones con Jorge Pardo, Antonio Serrano, Chano Domínguez, Perico Sambeat, Javier Colina, Pedro Ruy Blas, Bob Sands, Ximo Tebar , Victor Merlo, Israel Sandoval, Paloma Berganza, Carlos Carli, Jerry González, Christian Howes, Sonny Fortune, Ugonna Okewo o Rez Abbasi, entre tantos otros.

Lechner volvió a actuar en su país, en parte para cumplir con la presentación formal a la familia de su hija de cuatro meses, y en parte para hacer algunas presentaciones: ya lo hizo en Notorious y los jueves 21 y 28 de agosto en el nuevo local de Jazz&Pop. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cuánto siente que conserva de argentino?

Federico Lechner: A grandes rasgos soy argentino en lo emocional, aunque me definiría como europeo en lo político.

P.: ¿Cómo era el ambiente musical y, específicamente, el ambiente jazzístico con el que se encontró en España cuando empezó a sentirse más fuertemente ligado a la música?

F.L.: Cuando empecé a tocar jazz por los clubes de Madrid tenía 15 años, o sea que hace 19. Había 5 ó 6 clubes que funcionaban bien, tres de los cuales siguen existiendo, y la escena empezaba a nutrirse de músicos venidos de todas partes, como Estados Unidos, Brasil, Uruguay, Cuba y la Argentina. Había una sensación de efervescencia y de que había mucho por hacer, aunque paradójicamente también mucho conservadurismo en lo artístico, que se reflejaba en que siempre triunfaba más un jazz que podríamos llamar «fácil» (el swing sin muchas complicaciones, la bossa-nova, el latin jazz) por sobre los proyectos originales y más vanguardistas.

P.: ¿A qué lo atribuye?

F. L.: A que el español, sobre todo el madrileño, suele preferir divertirse y pasarla bien, a reflexionar o atreverse a nuevas emociones generadas por una música diferente.

P.: ¿Siempre logró tocar por placer o también lo hizo para ganarse la vida?

F.L.: Por fortuna, fueron contadas las ocasiones en que hice algún trabajo sólo por dinero. Generalmente, aunque uno empiece a trabajar con algún cantante o grupo pensando en que es sólo un encargo, es inevitable implicarse y empezar a disfrutar con la música que uno toca. Y justamente eso es lo más peligroso. Suele ser difícil renunciar a una vida de giras hedonistas, dinero «fácil» y disfrute, para centrarse en hacer una carrera artística propia y arriesgada. Es necesario poner las aspiraciones musicales por encima de las consideraciones prácticas. Siempre que se las tenga, claro.

P.: ¿Podría decir lo mismo respecto de la música que ha hecho para teatro o para cine?

F.L.: Cuando hice cosas para publicidad, me pareció sumamente pobre el espíritu que rodea a lo musical, donde casi todo es copia, o casi copia, de referencias ya conocidas, y la creatividad tiende a cero. En el cine y la escena, siempre depende de la cultura musical y la sensibilidad del director. En España, que es el ambiente que más conozco, la importancia que se le suele dar a la música en las películas y la televisión deja bastante que desear en cuanto a medios económicos (en comparación con otros rubros) y en cuanto a talento dedicado. Aunque creo que en muchos países suele ser así, si comparamos con los que siempre van por delante en esta materia, los Estados Unidos. De todas formas, por suerte hay alguna gente en la industria con sensibilidad y gusto musical que intenta cambiar esta tendencia. 

P.: Entonces, ¿cuál de todas las músicas es la que siente como más propia?

F.L.: El jazz es la música que para mí vertebra todas las músicas con las que he convivido: la clásica, el tango, el pop, el rock, el flamenco. No hablo del jazz como estilo rítmico, porque además engloba a muchos, sino como forma de encarar la música, con una visión armónica instantánea a la vez que flexible, y la intuición de las infinitas posibilidades que toda música ofrece.

P.: ¿Cuánto ha sabido del jazz y de otras músicas en la Argentina a lo largo de su vida profesional?

F.L.: En cuanto al jazz, he estado bastante al tanto, a través de los músicos argentinos que han venido por España, ya sea a quedarse o de paso, y por mis viajes a la Argentina. Sobre el pop y rock argentinos, no estoy muy al tanto de lo que se ha hecho en los últimos años, y lo que he escuchado no me ha parecido a la altura de Serú Girán y el Charly García de los ochenta. Lo último que escuché de tango y otras músicas es el último disco de Franco Luciani, que me gustó mucho. El último disco argentino de jazz que escuché es el del trío de Ernesto Jodos sobre música de Lennie Tristano y sus discípulos, y me pareció muy bueno. El nivel de músicos argentinos parece ser en general bastante alto.

P.: ¿Cuál suele ser su rutina de trabajo?

F.L.: No hay algo que podamos llamar «rutina», ya que es siempre variable. En los Estados Unidos he viajado mucho con el violinista Christian Howes, con el que también hacemos una o dos giras anuales en España, por festivales tanto clásicos como de jazz. Por otros países europeos he viajado con mi dúo con el armonicista Antonio Serrano, con el que también actuamos habitualmente por toda España. Actualmente, el grupo con el que más trabajo es mi Tango&Jazz Trío, con el que llevo 5 años tocando por España, tanto en clubes como en festivales y teatros, y con el que voy a empezar a tocar por Europa en octubre.

P.: ¿Con qué variante del jazz se siente más identificado?

F.L.: Nunca me planteé la cuestión así. Más bien hay temas, músicos y grupos que me seducen de unas u otras « variantes», y también hay momentos en los que me siento más atraído por un estilo u otro. Actualmente podría decir que estoy bastante embalado con esta mezcla de tango y jazz que hago con mi trío.

P: En relación con eso, ¿cuánto de tango y cuánto de jazz tendrá este «Jazz&Tango Trío»?

F.L.: Es un trío de jazz que se inspira en algunos elementos del tango, como ciertos tangos clásicos, el fraseo y recursos rítmicos típicamente tangueros. La diferencia básica con otros proyectos de la misma índole es que hay un mínimo de música escrita y se deja muchísimo librado a la improvisación. El desafío es justamente intentar improvisar con fraseo tanguero sobre armonías más jazzísticas.

Entrevista de Ricardo Saltón

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