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17 de abril 2019 - 00:00

"Pequeña Viena en Shanghái": un insólito choque de culturas

La autora revela un gueto poco conocido en esta ficción sobre hechos reales: el de los judíos que, huyendo del nazismo, se afincaron en la China.

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Plager. La autora de "Pequeña Viena en Shanghái", una ficción histórica sobre hechos de la Segunda Guerra.

China fue el destino del último grupo de judíos que lograron con documentos, y visa en la mano, escapar del terror racial que Hitler hacía crecer en Europa. Ese hecho poco conocido es el punto de partida de “Pequeña Viena en Shanghái” (Plaza y Janés), el nuevo y admirable libro de Silvia Plager, novela coral de un conjunto de familias que vive pasiones y tragedias en un territorio que sienten ajeno. Plager ha publicado una veintena de libros, donde están sus novelas “La rabina”, “Las mujeres ocultas del Greco”, “Complacer”, “Boleros que matan”, y “Malvinas, la ilusión y la pérdida”, entre otras, y libros de cocina, de humor como “A mal sexo, buena cara” y “Como papas para varenikes”. Dialogamos con ella.

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Periodista: ¿Cómo fue aquella historia de los judíos en China?

Silvia Plager: A partir de 1936, y sobre todo tras la “Noche de los cristales rotos”, algunos judíos lograron salir de la Austria y Alemania nazi, cuando todos los países estaban cerrando sus embajadas y fronteras, gracias al visado de un cónsul chino que les abrió la posibilidad de viajar a Shanghai, que era de puertas abiertas. En China llegó a haber 30.000 judíos refugiados que lograron escapar de la Shoa. Después ya no pudieron entrar más en Shanghai porque los japoneses invadieron China y ocuparon esa zona. Y los japoneses, si bien no eran antisemitas, no querían tener problemas con sus aliados alemanes. Los que llegaron después de 1937 fueron llevados a un lugar de confinamiento en el barrio de Hongkou, que llamaron Sector de Refugiados Apátridas, sector al que no denominaron gueto porque no conocían esa palabra ni la idea a la que corresponde. Los japoneses jamás llegaron a cometer los horrores que cometieron los alemanes. En los contingentes europeos que llegaban había profesionales, médicos, economistas, músicos, artistas que al verse sin un centavo, en un país donde no conocían el idioma y la cultura era totalmente distinta, debieron trabajar de lo que fuera. Para defender su propia memoria, su propia cultura, mantener las costumbres, las tradiciones y, a pesar de todo, el humor, crearon Viena Shanghái, una calle con confiterías, tiendas, teatro, negocios.

P.: ¿Cómo le surgió la idea de contar estos hechos?

P.: Su novela se emparenta con las de los escritores judíos estadounidenses, como Bernard Malamud y Philip Roth.

P.: En la novela reunió la saga familiar, la novela histórica, la sentimental, la feminista, la de tradiciones judías, la gourmet.

P.: Uno de los rasgos que distingue buena parte de su obra es el humor.

S.P.: Yo creo que los judíos tienen tantos humoristas, tanto sentido del humor, porque es una manera de salvarse.

P.: Y ahora, ¿qué planea escribir?

S.P.: Ahora estoy como tras una larga caminata por un lugar sinuoso en donde no paré de decirme quiero llegar viva a mi casa. Valery decía: poeta es el que inspira, y a mí me inspira la literatura. Leer me da ganas de escribir. Y mi vicio es leer. Así que no tardaré mucho en empezar algo nuevo.

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