La huelga de los guionistas de cine y televisión que tiene paralizado a Hollywood y alrededores es un hecho cuyo antecedente hay que buscarlo casi 20 años atrás. Para entender mejor los alcances: los productos cinematográficos generan 50% de sus utilidades a través del alquiler y venta de video hogareño, en una ecuación que tiende a incrementarse en este segmento en desmedro de las recaudaciones de taquilla. Por ejemplo, en 2006 los estudios obtuvieron en boleterías algo más de 16 mil millones de dólares, en tanto que el DVD aportó 17 mil millones. La televisión, por su parte, recaudó en publicidad casi 70 mil millones de dólares.
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Con estos números en la mano, los guionistas están realizando un planteo a futuro que incluye dos aspectos: por un lado, una mayor participación en las ganancias que generan los DVD, que hoy en día asciende a 0,3%. Por el otro, establecer un mecanismo apropiado para participar en los beneficios que la industria obtiene a través de los denominados «residuals», eufemismo que engloba a los nuevos modos de comercialización de entretenimiento, es decir, bajadas de Internet, televisión digital a pedido, bajadas a celulares, etcétera.
Si bien ese mercado ha producido, a la fecha, alrededor de 200 millones de dólares -ínfimos en comparación con las ganancias generadas por los canales tradicionales-, se estima que, en 2011, los nuevos medios generarán casi 3.000 millones de dólares de beneficios, a los que deben sumarse otros 6.000 millones producidos por los sitios sponsoreados en la red.
Así, los guionistas están exigiendo una participación de 2,5% en las ganancias de los nuevos medios, y elevar a 8 centavos de dólar los royalties por cada DVD, algo a lo que la Alianza de Productores de Cine y Televisión (AMPTP) no parece estar dispuesta, más que nada por temor a que los reclamos se «contagien» a otros gremios relacionados con la creatividad, como la Asociación de Directores o la que nuclea a los actores.
Los argumentos de la AMPTP también incluyen la incertidumbre respecto al futuro desarrollo de los nuevos medios, pero queda claro que los montos en cuestión tienen características astronómicas y que incluso después de decretado el «fin de la historia» y otras cosas por el estilo, nadie rehúye la pelea por la plusvalía.
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