Como es sabido, la tecnología contemporánea muestra una clara influencia de lo que, en tiempos pasados, eran meras especulaciones. El nuevo reproductor de música e imágenes Zune, lanzado recientemente por Microsoft al mercado, trabaja de manera similar a una agenda electrónica, permitiendo a través de la tecnología WiFi (inalámbrica) la sincronización entre diferentes reproductores, ofreciendo un intercambio de información veloz y sumamente interesante desde el punto de vista del marketing. Ese es uno de los puntos fuertes que los analistas comienzan a vislumbrar en el Zune, en contraposición con el iPod de Apple.
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La tecnología inalámbrica del Zune no le permite conectarse con Internet, pero funciona perfectamente en relación con otros reproductores del mismo tipo y también con una computadora personal. Otra ventaja es su capacidad de conectarse con una consola de videojuegos Xbox, y bajar en la misma la música, imágenes o videos que se hayan adquirido. Gracias a que la consola puede conectarse con un televisor, el material también puede disfrutarse en un formato de pantalla superior a las tres pulgadas del Zune. Por el momento, el reproductor sólo maneja video de baja resolución y el material, proyectado en un televisor, no tiene una calidad de imagen destacable, pero esta capacidad es otra gran ventaja que nace del hecho de que tanto el Zune como la Xbox son productos realizados por Microsoft y no dependen de terceros para asegurar su compatibilidad.
En un futuro no muy lejano, si se suma la capacidad de trabajar directamente con Internet y la posibilidad de mejorar la calidad del material en video que maneja el reproductor, Microsoft estaría en condiciones de ofrecer una seria competencia a otros formatos digitales dedicados al entretenimiento hogareño, ya no a partir de un determinado tipo de disco, sino a través de una serie de aparatos que, combinados, serán capaces de reemplazar a cualquier medio. La aparición de nuevas alternativas de entretenimiento que apuntan a la portabilidad podría constituirse, en un futuro que ya puede vislumbrarse, también en competencia para cualquier sistema de comercialización de contenidos, sobre todo si tenemos presente que los consumidores del futuro «crecen» en estrecho contacto con este tipo de tecnologías, que poseen su propia lógica y con la que no funcionan los planteos tradicionales.
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