John Cusack,
otro padre a
entrenar en
«Un niño de
otro mundo»,
sensible (casi
sensiblero)
film del
holandés
Menno
Meyjes.
«Un niño de otro mundo» («Martian Child», EE.UU., 2007, habl. en ingl.). Dir.: M. Meyjes. Guión: S. Bass, J. Tolis. Int.: J. y J. Cusack, A. Peet, B. Colemann, S. Sokenedo, O. Platt, R. Schiff, A. Huston.
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Cuando todavía sigue firme la morochita de «Entrenando a papá», aparece ahora este chico blanquísimo de «Un niño de otro mundo» que también debe entrenar a su papá, pero en otro sentido, con otros métodos y en otro género. En común, ambas películas sólo tienen una canción que se oye de paso, y el mismo viejo tema de la aceptación entre una criatura que necesita su familia, y un hombre que debe improvisarse como padre.
Para el caso, ésta es una comedia medio tristona, sobre un novelista viudo que quiere adoptar un chico, un poco para cumplir el sueño de la finada. Sabiendo que el hombre escribe ciencia-ficción, la responsable del hogar lo orienta hacia un chico de seis años, encerrado en sí mismo, que se lo pasa dentro de una gran caja de cartón, teme la luz del día, y dice ser marciano. ¿Y quién mejor que un escritor de ciencia ficción para entenderse con un marcianito enviado a estudiar el género humano? ¿Pero lo será realmente, o más bien estamos ante el mecanismo de autodefensa de un pobre chico abandonado por sus padres drogadictos?
Ese es el punto. «The Martian Child», tal su título original, no es un cuento fantástico, sino más bien una fantasía melancólica sobre los conflictos, sinsabores y logros en la formación de una familia adoptiva. Película sensible, medio paqueta, a punto de lágrima, con algunas notas en falso (en especial cuando toma recursos propios del cine publicitario), más de una vez parece quedarse en la superficie de su propuesta, y de sus posibilidades, pero igual puede tocar el corazón de su audiencia. Bien el título local, «Un niño de otro mundo», que sugiere un chico de sensibilidad especial, con la cabeza en otra parte. La traducción literal «El niño marciano» podría sugerir otra cosa. Discutible, quizá, la adaptación que pasteuriza ampliamente, o directamente elimina, todas las posibles rispideces del texto original, donde un escritor gay quiere hacerse cargo de un chico hiperactivo, asocial, realmente problemático, que ha sido abusado de diversas formas, y, eso sí, dice venir de Marte. En la película el hombre tiene una amiguita cariñosa, el chico es más bien apacible y limpito, en fin, todo tirando a correcto, tipo película para toda la familia. Incluso la muerte de un perro viejo está tratada con delicadeza, y permite al niño ir aceptando la realidad (y también las maravillas) de la vida, y del planeta Tierra al que finalmente ha de pertenecer.
Autor del cuento original, luego extendido a novela, es David Gerrold, aquel del famoso capítulo «The Trouble with Tribbles», de «Star Trek». Autor del film es el holandés Menno Meyjes, que ya dirigió obras sobre Robert Capa, Manolete y Max Rothman (el galerista de un joven pintor llamado Hitler), pero se lució mejor dentro de los equipos de guión de «El color púrpura», «El sueño del mono loco», «The Siege» y, sobre todo, «La misión», ese corto de «Cuentos asombrosos» donde un dibujante lograba salvar un bombardero. Es raro, y acaso sea una lástima, que no haya participado también en el guión del trabajo que ahora vemos.
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