Salvo sus
innecesarias
ficcionalizaciones,
«Mate Cosido, el
bandolero
fantasma» es una
valiosa
investigación que,
aunque no cubre
toda la biografía
del mítico
personaje, tiene
verdaderos
hallazgos.
«Mate Cosido, el bandolero fantasma» (Argentina, 2003, habl. en español). Guión y dir.: M. Oviedo. Documental.
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Para quien no lo sepa, o lo tenga olvidado, David Segundo Peralta, alias Mate Cosido (por una cicatriz que al parecer tenía en la cabeza), o Cocido (se lo halla escrito de ambos modos), fue un tucumano famoso en el Chaco de los años '30 por sus asaltos a pagadores de grandes empresas y su peculiar costumbre de repartir después gran parte de la plata entre chacareros y colonos, lo que le garantizaba la complicidad y simpatía de media región, incluyendo varios uniformados y hasta algunas víctimas, que elogiaban su cordialidad y buena educación.
Es que, a diferencia de otros delincuentes, Peralta evitaba hacer uso de las armas, expulsando de sus filas a cualquier secuaz que cometiera un asesinato, o vejara a un asaltado o secuestrado. Su carrera también tuvo un final distinto al de otros: una noche, totalmente cercado por Gendarmería Nacional, simplemente se esfumó sin dejar el menor rastro. Lo buscaron durante años, pero nunca más se supo. Desde entonces, «lo recuerdan las picadas, / lo venera el pueblerío», como dice el viejo chamamé de Nélida Argentina Zenón, difundido por Isaco Abitbol, Tarragó Ros padre, y otros artistas populares.
En el documental que ahora vemos, Michelina Oviedo, natural de Presidencia Sáenz Peña, desarrolla una interesante investigación, que no cubre toda la biografía conocida de Peralta (falta detallar, por ejemplo, su encuentro y enfrentamiento con Bairoletto), y se demora a veces en algunas escenificaciones, pero aporta en cambio, notablemente, varios testimonios realmente valiosos. Por ejemplo, los de dos viejos comandantes generales de Gendarmería (González del Mue y J.E. San Julián), tres historiadores, diversos pobladores que conocieron personalmente al bandido (uno de ellos, es fama que lo ayudó a escapar), el doctor Eduardo «Toti» Gabardini, relatando desde su oficina en el Banco Nación la experiencia de su padre como víctima bien tratada de un secuestro, y, especialmente, el doctor Fernando Zamacola, hijo del lugarteniente de Mate Cosido, y Mario Fernando Romano, el propio hijo de Mate Cosido, y hasta la esposa del bandido, una anciana que se conservó muy bien (el registro es de 2001) con nombre cambiado. Mujer e hijo nunca habían dado testimonio público. Es más: muy pocos sabían de su existencia.
Hay que destacar estos hallazgos, la emoción del hijo al contar el único recuerdo preciso que guarda de su padre, como un tesoro, la presencia de los nietos (uno músico y otro periodistadeportivo), y el inteligente final, envuelto en misterio y cariño de pago chico. Ya hubo, por 1962, una película ficcional inspirada en este personaje. Sin dudas habrá otras. Detalle curioso, en la del '62 el personaje del detective estaba a cargo del actor Rafael Chumbita. En ésta, el principal investigador es el historiador Hugo Chumbita.
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