Un distante
Milton
Nascimento no
logró
entusiasmar al
público, que no
alcanzó a llenar
el teatro Gran
Rex, y su recital
recién alcanzó
cierto vuelo
cuando cantó
«María María»,
en los bises.
Milton Nascimento (voz, guitarra). Con K. Continentino ( teclados), W. López (guitarra), L. Cheib (batería) y G. Villeroy (bajo). (Teatro Gran Rex; 8 de noviembre.)
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M ilton Nascimento es uno de los artistas indiscutibles de la música brasileña. Con una gran capacidad para componer, y una personalidad que ha logrado diferenciarlo de las músicas costeras (de Río de Janeiro o Bahía) y de las « vanguardias» paulistas, este cantautor nacido en Bello Horizonte -donde fue parte del legendario grupo «Clube de Esquina»- se transformó en uno de los grandes referentes de la música latinoamericana. Y así, compartió escenarios y discos con estrellas internacionales del rock o de la «World music» y se asoció varias veces también con artistas argentinos como Mercedes Sosa, Charly García o León Gieco.
Muchas veces, problemas de adicción lo alejaron de sus valores artísticos y, quizá por eso, su carrera haya tenido intermitencias que, al menos en la Argentina, lo alejaron de un público que en otros tiempos fue masivo y que ahora no alcanzó para llenar el teatro Gran Rex. Con la garganta virtuosa casi como en sus épocas de mayor gloria y con un listado de canciones que incluyó muchísimas de sus mejores composiciones, Milton hizo un concierto que, sin embargo, no superó la medianía. Piezas antológicas como «Caxangá», «Cravo e canela», «Para Lennon e McCartney», «Paula e Bebeto», «Encontros e despedidas», «Coracao de estudante», «Bailes da vida», «Fazenda» o «Travessia» -que intercaló con algunas canciones más nuevas- no alcanzaron a entusiasmar del todo al cantante ni a su público.
Cierta distancia por parte del artista y un cuarteto pop acompañante que se mantuvo en una cuadratura alejada -y, en consecuencia, menos interesante- de la herencia afro de Brasil, contribuyeron a esa frialdad que tampoco cambió una muy buena interpretación de «Yo vengo a ofrecer mi corazón» de Fito Páez. Sólo a la hora de los bises, con su famosísimo «María María», llegó una fiesta que se demoró mucho más de lo deseable.
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