Monet no fue valorado a tiempo por coleccionistas argentinos

Espectáculos

En julio de 1910 se realizó la mayor exposición de arte de la historia argentina. Fue en la Plaza San Martín, donde se había instalado el pabellón de hierro, mayólicas y cristal que la Argentina había montado en Paris en ocasión de la Exposición Internacional de 1899. Luego de intentar venderlo en Europa, vino en barco y desgraciadamente algunas pinturas y partes se perdieron en el océano. Aquí se lo emplazó sobre la calle Arenales y se usaba como Museo Nacional de Bellas Artes.

Participaron doce países, entre ellos Italia, España, Estados Unidos, Suecia, los Países Bajos, Chile y Uruguay.

Francia, que en aquel entonces tenía un producto bruto per capita inferior al nuestro, había realizado ya dos exposiciones de arte para interesar a los ricos argentinos en adquirir sus obras de arte y piezas de decoración. Trajo una gran colección y solicitó un terreno para montar su pabellón. Allí había obras estupendas, entre las que se destacaban dos de Claude Monet, que desafortunadamente nadie adquirió, pese a que se realizaron compras por dos millones de francos, la mitad por parte del Estado argentino y el resto de particulares como Antonio Santamarina, Manuel J. Güiraldes, Lorenzo Pellerano y algunos marchands de arte como Muller, Artal y otros.

En dinero actual, esa cifra equivale a alrededor de cinco millones de dólares. Las obras de Monet hoy valen cerca de 20 millones de dólares cada una y es una lástima que tanto Enrique Llobet como Antonio Santamarina, los grandes coleccionistas de impresionismo, dejaran pasar la oportunidad de comprar estas maravillas realizadas en Giverny, a 80 kilometros de Paris y donde vivió el artista los últimos 43 años de su vida.

Quienes visiten el lugar hoy no encontrarán obras del pintor, pero sí su casa y fotos de su época; a doscientos metros también hay un gran museo de pintores norteamericanos impresionistas que fueron allí hipnotizados por la maestría de Monet y pintaron sus propias maravillas. El museo es donación del embajador Terra, un gran coleccionista.

En Paris se puede visitar L'orangerie, frente a la Place de la Concorde, donde se hallan sus grandes pinturas de nenúfares.

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