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29 de noviembre 2006 - 00:00

Movilero ruso recorre la historia argentina

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María Angélica Scotti «Las orillas del fuego» (Bs.As., Catálogos, 2006. 252 págs.)

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Ambientada a mediados del siglo XIX, esta ambiciosa novela de María Angélica Scotti (autora de «Buenos augurios», «Señales del cielo» y «Diario de ilusiones y naufragios», entre otros títulos) se inicia con un minucioso retrato de época cuyo estilo recuerda al de las antiguas crónicas de viajeros.

Su protagonista es Nicolás Androiev, un médico ruso educado en París, que para alejarse de «la mundanalidad, los artificios y las miserias del Segundo Imperio» recala en nuestro país fascinado por el estado casi « virginal» de su organización socio-política.

Siendo un hombre muy culto y de grandes ideales se lanza a recorrer la ciudad en compañía de un amigo que lo va introduciendo en los distintos sectores de la sociedad porteña. En muy poco tiempo, logra ponerse al tanto de todo lo que acontece en la región, además de ser testigo de hechos tan cruciales como la Guerra del Paraguay, la epidemia de Fiebre amarilla o la Conquista del desierto.

La abundancia de citas, datos históricos, anécdotas y notas explicativas termina desplazando la trama ficcional a un segundo plano. Para citar sólo unos pocos ejemplos, el protagonista se cruza casualmente con el General Urquiza y el futuro presidente Bartolomé

Mitre, ve posar a su prometida ante el pintor Prilidiano Pueyrredón, comenta la novela «Madame Bovary», cita a Darwin, hace referencia a un tal José Hernández. En fin, demasiados apuntes enciclopédicos para un héroe de novela. Ni siquiera el violento flechazo amoroso que le depara Florence -una bellísima joven de familia inglesa con la que luego se casa y tiene una hija- logra equilibrar el afán documentalista que prevalece en la primera parte del libro.

Felizmente, Nicolás abandona su papel de movilero de la historia argentina para llevar a cabo su propia utopía, la de «fundar un pueblo para los desvalidos, los débiles, los necesitados». Aquí la novela crece en peripecias e incorpora a otros tantos personajes que por su carga de arrojo y sensualidad resultan mucho más atrayentes.

Con la ayuda de varios aborígenes liderados por la bella Aimé, de la que Nicolás se enamora irremediablemente, logra romper con la antinomia civilización-barbarie dando inicio a una sociedad justa, sin discriminaciones y alejada de todo tipo de violencia; pero, las hostilidades del entorno terminan destruyendo a esta sociedad idílica. Más allá del interés que le despierte esta aventura, el lector podrá constatar que muchos de los temas que aborda (especialmente los referidos a las comunidades indígenas de nuestro país) siguen pendientes de resolución y, por lo tanto, no deberían quedar relegados a los libros de historia. «Las orillas del fuego» cumple, entonces, la tarea de reactualizarlos.

Patricia Espinosa

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