«Pintura N°
153» (1948)
de Raúl
Lozza, eximio
maestro del
arte argentino
que inventó el
Perceptismo,
en cuyo
homenaje se
realiza la
muestra «La
fiesta de la
geometría».
"Al margen de los valores que pueda presentar mi labor, y sin dejar de reconocer la importancia creadora de esos antecedentes (las experiencias de la Asociación Arte Concreto-Invención), pude revertir decisivamente, en 1947, el método tradicional de crear espacios ilusorios que destruían la realidad bidimensional", ha escrito Raúl Lozza, eximio maestro del arte argentino. En homenaje por sus 95 años, Teresa Nachman presenta la muestra «La fiesta de la geometría».
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Lozza elaboró «un nuevo sistema basado sobre la fidelidad al plano y a la norepresentación absoluta. Mis pinturas concretas no responden al concepto de abstractas, geométricas, no objetivas ni al constructivismo. Lo mío es, sencillamente, arte concreto presentado por imperio de una transformación estructural, relacional, esencial y comprometida, que permite enriquecer en cuanto a morfología y de manera sustantiva, la facultad creadora del hombre». He aquí, sintéticamente expresado, el origen del Perceptismo.
Lozza nació en Alberti, Provincia de Buenos Aires, el 27 de octubre de 1911, y allí celebró su primera muestra en 1929, año de su radicación en Buenos Aires. Entonces pintor figurativo, ilustró revistas y libros y trabajó en publicidad. Volcado hacia el arte geométrico hacia fines del 30, participó a partir de 1945 en el establecimiento de esa corriente. La década del '40, en la que empezó la consolidación del arte argentino, presenció un acercamiento nunca visto de pintores, escultores, arquitectos, músicos y poetas alrededor de comunes objetivos de ruptura.
Corte nítido
En el caso de las artes visuales fue tan nítido el corte con el pasado que estableció un giro copernicano en la historia de nuestras manifestaciones estéticas. Los hitos de entonces fueron el «Manifiesto de los Jóvenes contra la figuración», emitido en 1941 por Claudio Girola, Alfredo Hlito y Tomás Maldonado; la edición en Buenos Aires, en 1943, de «Universalismo constructivo», de Joaquín Torres García, y la publicación, en 1944, de Arturo, «revista de artes abstractas» y órgano de los nuevos creadores.
El uruguayo Carmelo Arden Quin, poeta y pintor, radicado en 1938 en Buenos Aires, impulsó a los incipientes artistas, bien menores que él. Los animadores de Arturo vaticinaban que el arte geométrico sería el arte social por excelencia, porque despertaría en el hombre una conciencia más acorde con su espíritu de invención. Buscaban inventar una realidad estética por medio de elementos objetivos. Se trataba de forjar una propuesta con hechos visuales puros ajena a toda intención realista-figurativa:un arte libre de ataduras, con un arsenal escaso, aunque de posibilidades ilimitadas: líneas rectas y curvas, triángulos, cuadriláteros, polígonos, elipses, círculos, más las combinaciones y modificaciones debidas a la interacción de estos elementos.
En el verano de 1944 apareció en Buenos Aires el primer número (sería el único) de Arturo que reunía a jóvenes pintores, escultores, poetas y teóricos, decididos a revolucionar las manifestaciones estéticas de la Argentina, demoradas en el tiempo. Lozza era uno de ellos. Fundaron la primera vanguardia de nuestro país, y se adelantaron históricamente al nacimiento del arte geométrico en el resto de la América latina y en los Estados Unidos. Sus búsquedas los dividieron: en 1945, un sector formó la Asociación Arte Concreto-Invención, bajo el liderazgo de Tomás Maldonado, Lozza y otros; poco después, un segundo grupo estableció el Movimiento Madí. Más tarde, Lozza se separó y presentó una tercera tendencia, el Perceptismo. Con los años, artistas concretos y madistas disolvieron sus asociaciones; Lozza, en cambio, persistió en el desarrollo y afianzamiento de sus propuestas.
En 1947, a diferencia de sus colegas, llevó a sus extremos las búsquedas de aquel momento: así, excluyó el cuadro ortogonal espacialmente redefinido por los concretos, como el cuadro de marco recortado de los madistas; y dispuso sobre el muro, por separado y de acuerdocon su orden propio, los elementos geométricos de la obra, sustituyendo de este modo la noción de fondo por la de campo. Cada uno de esos elementos es una pieza chata y autónoma, de contorno irregular aunque geométrico, pintada al esmalte: un plano-color, que suprime la dualidad forma/ contenido (pues uno y otro son «un solo hecho, indivisible»); su ubicación no es acondicionamiento voluntarista ni empírico: responde a una estructura, surgida del proceso desarrollado por el artista con la «materia perceptiva».
Lozza ha venido produciendo desde entonces, una obra con la poesía de lo visual, definida por las invenciones geométricas y la belleza del color. El grupo de Arden Quin, Gyula Kosice y Rhod Rothfuss había adoptado la denominación de Movimiento Madí, que realizó tres exhibiciones públicas y lanzó su Manifiesto.Hacia mediados de la década del '50, los grupos se disolvieron, no así su influencia seminal (la experimentación actualizada), su teoría específica (el arte objetivo), y sus adelantos e innovaciones (la idea del borde neto o hard edge, el cuadro con forma propia o shaped canvas, el uso de materiales no tradicionales en la escultura, el vuelco al diseño gráfico).
Raúl Lozza trataba, y trata, de forjar un lenguaje con hechos visuales puros libre de convenciones. Su espacio se vuelve dinámico, porque en él inciden el juego de las formas y las tensiones que ellas entablan en la tela, es decir, en el contexto de esta geometría sensible. En 1948, Arden Quin llevó el madismo a París y lo presentó en el Salón Realités Nouvelles. También en Francia, en 1951, junto con Volf Roitman creó el Centro de Estudios e Investigaciones madistas. Impulsó y proyectó el movimiento internacionalmente.
De este grupo se exponen en la Galería Nachman obras de César López Osornio, reconocido artista y director del Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano (MACLA) de La Plata. También está presente Luis Tomassello quien junto a los otros argentinos residentes en Francia -Marta Boto, Hugo Demarco, Gregorio Vardánega, Julio Le Parc y Horacio García Rossi-fue pionero y reconocido exponente de este grupo que fue más allá de la geometría. La semilla sembrada en la segunda mitad de la década del '40, fertilizó a tres generaciones de creadores argentinos. La incidencia seminal de los concretos, los madistas, de Arden Quin y el perceptista Lozza, fue decisiva, como señaláramos en la muestra «Del constructivismo a la geometría sensible», de 1992.
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