19 de febrero 2001 - 00:00
Murió Balthus, el último clásico
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Igualmente célebre es «La montaña», de 1937, inspirada por una de sus estancias en los Alpes del cantón suizo de Berna, y que testimonió su eterna nostalgia de un mundo de inocencia perdida, preservado de los desencantos de la edad adulta y de los cambios de la modernidad.
A pesar de su interés por el surrealismo -Balthus se relacionó con el escritor Antonin Artaud y el escultor Alberto Giacometti-, sus cuadros deben más al realismo fantástico de alemanes como Otto Dix o Max Beckmann, pero sobre todo a su estudio de Piero della Francesca o Paolo Uccello, entre otras figuras del Renacimiento italiano.
Viajes
En 1961, el escritor y político André Malraux consiguió que Balthus fuera nombrado director de la Academia de Francia en la Villa Médicis de Roma, ciudad donde vivió hasta que abandonó ese cargo en 1978, pero desde donde viajó con frecuencia al Lejano Oriente, que influyó también en su pintura.
Influenciado por el contacto de pintores como Cezane, Mattis, Miró y escritores como Albert Camus, que formaban parte de su grupo de intelectuales, Balthus viajó mucho y tras haber vivido un período en Gran Bretaña y otro en Suiza, se instaló durante un tiempo en Italia, donde se apasionó por el arte del Renacimiento.
Balthus no renunció jamás a la tradición figurativa, completamente inmune a la fascinación de las vanguardias y algunas de sus obras como las inquietantes adolescentes en el baño o a la hora de la lectura, son obras atemporales en las que se conjuga la lección de Piero della Francesca y el impresionismo.




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