19 de febrero 2001 - 00:00

Murió Balthus, el último clásico

Rossiniere, Suiza, (EFE) - Balthus, aristócrata y caballero solitario de la pintura, de origen polaco aunque nacido en París, falleció ayer en su residencia de Rossiniere (Suiza), diez días antes de su 93º aniversario.

El conde Balthazar Klossowski de Rola, como se llamaba en realidad uno de los pocos pintores que tuvo el honor de ver en vida su obra en el Louvre, había abandonado la clínica en la que estaba internado para pisar por última vez, su gran chalet, adquirido en 1977 y donde vivía junto a su esposa japonesa, apartado del mundo.

Nacido el 29 de febrero de 1908 en el seno de una linajuda familia polaca, Balthus creció en un ambiente artístico frecuentado por escritores como Rainer Maria Rilke o André Gide y pintores como Pierre Bonnard.

De formación autodidacta, Balthus adquirió pronto fama de niño prodigio y fue animado a pintar por los amigos de su padre, como el propio Rilke, Bonnard y André Derain, de quien Balthus pintó un retrato memorable. Rilke prologó su libro «Mitsou: cuarenta imágenes».

Desde los años treinta, Balthus parecía obsesionado por el tema del despertar sexual de las adolescentes, que él calificaba de ángeles y a los que representaba en interiores en los que se combinan ensoñación y erotismo.

Se le deben más de 280 cuadros, entre los que se destacan «La rue», de 1933, una escena callejera de resonancias surrealistas a pesar del total realismo de su representación y que se conserva en el Metropolitan Museum neoyorquino.

Igualmente célebre es «La montaña», de 1937, inspirada por una de sus estancias en los Alpes del cantón suizo de Berna, y que testimonió su eterna nostalgia de un mundo de inocencia perdida, preservado de los desencantos de la edad adulta y de los cambios de la modernidad.

A pesar de su interés por el surrealismo -Balthus se relacionó con el escritor Antonin Artaud y el escultor Alberto Giacometti-, sus cuadros deben más al realismo fantástico de alemanes como Otto Dix o Max Beckmann, pero sobre todo a su estudio de Piero della Francesca o Paolo Uccello, entre otras figuras del Renacimiento italiano.

Viajes

En 1961, el escritor y político André Malraux consiguió que Balthus fuera nombrado director de la Academia de Francia en la Villa Médicis de Roma, ciudad donde vivió hasta que abandonó ese cargo en 1978, pero desde donde viajó con frecuencia al Lejano Oriente, que influyó también en su pintura.

Influenciado por el contacto de pintores como Cezane, Mattis, Miró y escritores como Albert Camus, que formaban parte de su grupo de intelectuales, Balthus viajó mucho y tras haber vivido un período en Gran Bretaña y otro en Suiza, se instaló durante un tiempo en Italia, donde se apasionó por el arte del Renacimiento.

Balthus no renunció jamás a la tradición figurativa, completamente inmune a la fascinación de las vanguardias y algunas de sus obras como las inquietantes adolescentes en el baño o a la hora de la lectura, son obras atemporales en las que se conjuga la lección de Piero della Francesca y el impresionismo.

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